CUANDO LAS INJUSTICIAS SE VEN HASTA DESDE UNA BURBUJA
Los asesinatos de George Floyd –y de Breonna Taylor– han encendido a la NBA como algo más que una liga y cierto entretenimiento. También es un altavoz contra el racismo y la injusticia social en los Estados Unidos y más allá, sin que haya una burbuja que lo tape.

Si el viejo Walt Disney levantara la cabeza! Uno de los delatores para el famoso «Comité de Actividades Antiamericanas» –HUAC, en inglés– que trataba de buscar «comunistas» y «subversivos» aunque hubiera de rebuscar debajo de las piedras. Con el siniestro –¡je!– senador Joseph McCarthy al frente de aquella «Caza de Brujas» y el todavía congresista Richard Nixon como «investigador» de muchos de aquellos casos, no pocos chivatos –Walt Disney, Elia Kazan, Sterling Hayden, Mel Ferrer, Robert Taylor, Gary Cooper, el en aquel entonces Jefe del Sindicato de Actores Ronald Reagan...– colaboraron en sus minuciosas «listas negras».
Si el viejo Walt Disney levantara la cabeza –de su ataúd, su criogénesis o donde demonios esté– y viera un resort con su nombre convertido en hábitat de una NBA –¡llena de negros y con cada vez más extranjeros, muchos de ellos provenientes de países comunistas! (los matices y la Historia, en la otra ventanilla)– volcada contra el racismo y en lucha por un discurso social (mínimamente) combativo, le volvería a dar un síncope. ¡Pero habráse visto en qué se ha convertido el deporte de los Estados Unidos! ¡Y en su casa!
En un mundo lleno de paradojas, que el discurso más social provenga de jóvenes multimillonarios que residen temporalmente en un lujoso resort, en el contexto de un aislamiento social absoluto, no deja de tener su gracia. Pero lo cierto es que el asesinato de George Floyd o Breonna Taylor a manos de la policía hizo en su día saltar a buena parte del universo deportivo de élite de los Estados Unidos, en especial la NBA, donde muchos de los jugadores son de raza negra y conocen de primera mano, antes de convertirse en iconos del deporte que inventara James Naismith, lo que significa no ser más que un negro a los ojos de un cuerpo de policía –no solo el estadounidense– que no es precisamente al pueblo a quien protege.
Ya en diciembre de 2014, a raíz de los asesinatos de Michael Brown y sobre todo Eric Garner –dos hombres de raza negra que, pese a ir desarmados, hallaron la muerte a manos de sendos policías blancos– halló el rechazo frontal de la élite de la NBA. Derrick Rose, LeBron James, Kevin Garnett o Kyrie Irving protestaron de manera simbólica portando camisetas con la súplica I Can’t Breathe –«No Puedo Respirar»–, la misma que gritaba Eric Garner antes de morir asfixiado por un policía –y que gritaría en su agonía George Floyd en 2020–. Pero en aquel entonces, el Comisionado de la NBA, Adam Silver, cortó de raíz toda protesta de los jugadores limitándose cualquier clase de «reivindicación» a quedar impresa en las suelas de las zapatillas.
Pero la reacción a la muerte de George Floyd, más el parón por la pandemia de la covid-19, han hecho saltar a los jugadores de forma inusualmente decidida. El mismísimo Giannis Antetokounmpo, su hermano Thanasis, y sus compañeros de los Milwaukee Bucks Sterling Brown, Donte DiVincenzo y Brook Lopez se unieron a la marcha convocada en la ciudad de su equipo contra el racismo y la brutalidad policial. El corolario fue ver al propio Giannis micrófono en mano, exigiendo justicia y un país sin racismo en el que su hijo crezca sin miedo ni odio.
Otro ejemplo. Jaylen Brown, de los Boston Celtics, condujo hasta 15 horas para poder estar en Atlanta y liderar, junto a Malcom Brogdon, jugador de los Indiana Pacers, una marcha pacífica para mostrar su indignación por el asesinato de Floyd.
«Ser un jugador de la NBA no me excluye de ser un hombre negro y miembro de esta comunidad. Estamos creando conciencia de las injusticias que vivimos. No tengo todas las respuestas, pero sé cómo se sienten los demás», declaró Brown.
Mucho más que un movimiento
Sabido es que 2020 es año electoral en los Estados Unidos, y los jugadores se están afanando en ejercer de grupo de presión. Si los grandes industriales norteamericanos lo hacen, ¿por qué ellos no?
Por eso, la NBA y el Sindicato de Jugadores NBPA acordaban que los jugadores pudieran exhibir estas reivindicaciones en sus camisetas de juego, en vez de sus apellidos: «Black Lives Matter», «Say Their Names«, «Say Her Name», «Vote», «Peace», «Justice», «Justice Now», «I Can’t Breathe», «Enough», «Freedom», «Equality», «Power to the People», «Liberation», «Hear Us», «See Us», «Love Us», «Respect Us», «Listen», «Listen Us», «Stand Up», «Speak Up», «I Am A Man», «Ally», «Anti-Racist», «How Many More», «Group Economics», «Education Reform», «Mentor» y hasta una frase en castellano: «Sí Se Puede».
Otro de los puntos fundamentales es la famosa genuflexión durante el himno norteamericano, que suena antes de cada partido. Si al jugador de fútbol americano Colin Kaepernick esa actitud le costó el paro, la NBA al completo ha decidido postrarse de rodillas a modo de protesta. Sí, los entrenadores Greg Popovich y Becky Hammon no se arrodillaron, ni tampoco el jugador de los Miami Heat Meyers Leonard, cuyo hermano combatió en Afganistán, aunque sí se puso la camiseta que reza Black Lives Matter. Por otros motivos, el jugador de los Orlando Magic Jonathan Isaac tampoco se arrodilló.
Y no podía faltar Donald Trump en este lío. El magnate erigido en presidente ya la soltó cuando dijo que «cuando veo a la gente arrodillada y faltando el respeto a la bandera y faltando el respeto al himno nacional, lo que hago, personalmente, es apagar la televisión», en una entrevista en la cadena conservadora Fox.
La réplica llegaba de la voz de LeBron James. «Los partidos seguirán sin que él esté mirando. Puedo sentarme aquí y hablar por todos nosotros que amamos el baloncesto y no nos podría importar menos», a lo que añadía que «noviembre está a la vuelta de la esquina y es un gran momento para nosotros como estadounidenses». Hay que recordar, que LeBron fue uno de los financiadores de las campañas de Barack Obama.
Pero en este caso, parece que LeBron parece querer ir un paso más allá en esta «burbuja reivindicativa». «Mucha gente piensa y usa la analogía de que Black Lives Matter es un movimiento… Cuando eres negro, eso no es un movimiento, es una forma de vida».
El base catalán Ricky Rubio, por su parte, cierra con un corolario que subraya lo evidente, pero que no es menos cierto. «El racismo es una causa mundial. Existe, no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Queremos utilizar esta plataforma para llegar a mucha gente y que abran los ojos. Se ha tenido en silencio mucho tiempo y eso nos hace culpables a todos. No solo los que ejecutaban el racismo, sino los que dejaban que ocurriera».

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