Disney no tiene alma
El estudio Disney me lo está poniendo en bandeja, pues aunque haya sido tarde, su infame estrategia comercial ha colaborado a la definitiva liberación de mis traumas de infancia. Por fin me siento despegado, y sin cargo alguno de conciencia, de las creaciones del tío de Walt y hasta de la muerte de Bambi que tantos animalistas ha dado al mundo. Ya no siento nada ni por Pixar, que tantas emociones rotas y un síndrome de Estocolmo me había costado, porque ahora sé que la compañía de Burbank no tiene alma.
Lo de la traición con “Mulan” no ha sido nada comparado con el agravio colectivo que nos espera en las próximas No Navidades. Tras los atrasos sucesivos del estreno cinematográfico de “Soul”, inicialmente previsto para el 21 de junio y luego postergado al 20 de noviembre, la casa del ratón Mickey anuncia su definitivo lanzamiento el 25 de diciembre a través de la plataforma Disney Plus sin pago adicional para suscriptores o por la cuota mensual de 6’99 euros. Resulta cruel que todo esto haya ocurrido con una película que trata sobre el alma de un músico de jazz o, dicho de otro modo, sobre el espíritu artístico. Pete Docter hacía películas animadas para la gran pantalla y se supone que “Soul” también responde a esa vocación. Sin embargo, el negocio manda, y quien quiera verla tendrá que hacerlo en formato doméstico. Huelga decir que no seré yo.

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