Xole ARAMENDI ALKORTA
IRUN

Iñaki Ruiz de Eguino muestra en Irun la diversidad de su creación

Continuador de la tradición escultórica vasca, Iñaki Ruiz de Eguino se siente por encima de todo escultor, aunque lo ha simultaneado con la pintura. «Muchos de mis cuadros están más próximos al trabajo tridimensional de la escultura que de la pintura», afirma. La Sala Menchu Gal de Irun alberga una muestra en la que se pueden ver los trabajos realizados en ambas disciplinas, en un intento de reflejar sus diversas facetas artísticas.

“Uno y diverso”. Así es como se titula la exposición abierta hasta el 6 de junio en la Sala Menchu Gal de Irun. Y así es como se presenta Iñaki Ruiz de Eguino (Donostia, 1953). Muestra el resultado de 40 años de trabajo, en los que el objeto de investigación ha sido es el espacio.

Fue Tomás Paredes, poeta y crítico de arte, quien sugirió al artista el planteamiento y el título de la muestra, además de escribir el prólogo del texto que acompaña esta exposición.

El título hace alusión a las diversas facetas artísticas del artista. Ruiz de Eguino ha simultaneado la pintura y la escultura –las disciplinas elegidas para la muestra–, sin olvidar el dibujo y la obra gráfica. También es de destacar su labor como crítico de arte y comisario.

La muestra exhibe las obras colocadas cronológicamente. La visita va alternando las dos disciplinas. Comenzó a finales de los 60 con escultura figurativa y lo abandonó para dedicarse en los años 70 a la pintura abstracta. Animado sobre todo por Jorge Oteiza –«me decía que era más escultor que pintor»– y también por Nestor Basterretxea, con quien compartió estudio, volvió a realizar esculturas. Desde entonces ambas han estado presentes en su creación.

«Me crié en el caserío, en Andoain, y en mi niñez viví prácticamente sin vecinos, ya que el caserío más próximo estaba casi a un kilómetro de distancia. Mi idea del espacio es muy euskérico, donde la reflexión parte de ese aislamiento», explica.

A lo largo de su dilatada trayectoria, la obra del artista refleja su interés por la cosmogonía, el esoterismo, los pliegues... También por los aperos de labranza y por la arquitectura vasca. «Recorrí Baztan y su arquitectura –la construcción de las vigas, las características peculiares de los caseríos hacen que tengan una gran belleza y elegancia– fue fuente de inspiración de una de mis series de trabajo», recuerda. Más tarde, en los 90, fijó su mirada en el interior del hogar. «Realicé una serie pictórica llamada “La intimidad callada”, sobre los acontecimientos de ese lugar íntimo».

Relacionados también con la arquitectura, cabe señalar los trabajos basados en planos, formas geométricas, superficies lisas. «Con ello ordeno unas estructuras abstractas donde combino el color y el espacio bidimensional se va moviendo con un planteamiento minimalista, que llamo construcciones relacionales». En otra sala, el visitante también conocerá la serie de “materia oscura” realizada sobre pizarras. «Me llevó a trabajar con la luz y la oscuridad», cuenta.

Trabaja una escultura en la que se respeta la unicidad espacial. «Mis esculturas son transitables, ejemplo de ello son la obra “Errenteriako atea”, situada en Niessen de Errenteria y la pieza “Xana en la ventana”, ubicada en Langreo. «Quiero que mis obras formen parte de los espacios urbanos, que sean utilizables y no molesten. Se pueden tocar, pero no estorban», remarca. Se emociona al recordar que el punto en el que está colocada “Errenteriako atea” fue el lugar elegido para rendir homenaje a los fallecidos por el covid en el municipio, «que la escultura sea un punto de encuentro humano».

Precisamente el próximo 27 de mayo (19.30) Ruiz de Eguino ofrecerá una conferencia bajo el título “Del dibujo a la unicidad espacial” en la sala de Irun.

En la pintura, busca otras dimensiones, otras expresiones, «donde el espacio y el tiempo queden congelados de alguna manera en mis cuadros. Muchas de mis obras están más próximas al trabajo tridimensional de la escultura que de la pintura. Por eso me considero más escultor que pintor».

En las visitas guiadas realizadas ha constatado la opinión del público de que su obra aguanta bien el peso del tiempo, algo de lo que se congratula. «Es un halago», reconoce, al tiempo que recuerda aquella frase de Goya que decía que «el arte tiene que resistir al tiempo».

Continuar la tradición sin imitar

Fue vecino de Remigio Mendiburu en Hondarribia y guarda en su memoria infinidad de vivencias también junto a Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Nestor Basterretxea, con quienes compartió amistad. «Hicimos algunas exposiciones conjuntas. Soy el último escultor que tuvo una relación verdadera con ellos».

«Una vez escribí un artículo sobre Chillida en un periódico en el que colaboraba y se enfadó conmigo porque según él dije que Chillida era el primer artista abstracto. «A todo el mundo se lo perdono, pero a ti no, porque eres el que más sabe de nosotros», me dijo. Con otros se enfadó para siempre, pero conmigo le duró (solo) varios días. [Risas] Al final de su vida me llamó para que le comisariada una exposición. Lo hicimos en el Kursaal, unos meses antes de morir. Hemos tenido una relación afortunadamente muy rica».

Al preguntarle por lo que aprendió junto a ellos, afirma que «a través de todos ellos me di cuenta muy joven de que yo podía continuar la tradición euskaldun escultórica sin imitar su trabajo, creando una obra totalmente distinta». X.A.