R. SOLA
DONOSTIA

En la segunda no Tamborrada resuena también el enfado

La gran noche donostiarra ha sido este año radicalmente diferente a la última festiva de 2020... pero también a la de 2021. Mientras en la primera suspensión por la pandemia la mayor parte de los balcones donostiarra lucieron engalanados y la Marcha de San Sebastián se escuchó en casi todas las calles, en esta segunda imperó el silencio. Con una excepción bien sonora, la de la Plaza de la Constitución, donde a medianoche sí atronó la fiesta durante unos minutos.

En general, era perceptible que a la nostalgia del año pasado en esta ocasión se le sumaron el enfado y la incomprensión. Lo cierto es que la fiesta apenas tuvo repercusión en las primeras horas, más allá de Anoeta, donde sí pudieron reunirse hasta 28.111 aficionados y escuchar dos veces la Marcha, la primera entonada por el Orfeón Donostiarra antes del partido Real-Atlético de Madrid y la segunda, al final, protagonizada por la grada. Un pequeño oasis de fiesta en un panorama general de impotencia y confusión.

El propio alcalde, Eneko Goia, asumió que «estamos viendo una época de contradicciones y yo no oculto que esa probablemente es una». Pero con ello no calmó precisamente las aguas, sino que en las redes proliferaron los mensajes recordando que la suspensión sin alternativas fue decisión del Ayuntamiento.

El malestar tiene varios motivos de fondo, todos ellos relacionados con las decisiones del Consistorio. Por un lado, la tardanza en tomar la decisión de suspender la fiesta, que no se oficializó hasta el día 7, para cuando algunas tamborradas tenían avanzados los preparativos, aunque es cierto que otras también habían declinado salir.

Otro motivo de incomprensión es la falta de alternativas, más allá de las tamborradas infantiles por barrios en lugar de la masiva infantil que arranca de Alderdi Eder cada 20 de enero.

Una solución intermedia que para muchos muestra que también para los mayores se hubieran podido hacer más cosas con imaginación y manteniendo la seguridad. Ejemplos, la kalejira de Olentzero y la Cabalgata de Reyes. La guinda de este enfado ciudadano la puso el viaje de Goia a París el domingo, sin consenso municipal y criticado incluso por su socio del PSE, para entregar el Tambor de Oro a Esther Ferrer.