Las fallas originales del Amejoramiento, señaladas 40 años después en la Cámara
Cuarenta años después, el contexto de violencia, la exclusión abertzale o la falta de refrendo ciudadano siguen lastrando el Amejoramiento del Fuero de 1982. Una jornada en el Parlamento de Iruñea –enmarcada en un ciclo que concluirá el 18 de marzo y servirá de base a la ponencia que estudiará la actualización de la Ley 13/1982– se hizo eco de todo ello ayer, en un análisis no solo histórico sino que apunta a un futuro de necesaria reforma.

La primera de las jornadas organizadas por el Parlamento de Nafarroa con motivo de los 40 años de la aprobación del Amejoramiento del Fuero puso en evidencia que, cuatro décadas después, el contexto en el que se gestó sigue generando mucho debate. Especialmente por la falta de refrendo ciudadano hasta la fecha, porque ni entonces se quiso someter a votación ni posteriormente ningún gobierno lo ha planteado.
No es solo un repaso histórico. El contenido del ciclo, que comenzó ayer y se completará el día 18, se plasmará en un libro y servirá de base a la ponencia que estudiará la actualización de la Ley 13/1982. Tal y como se dispone en una resolución de noviembre de 2021, aprobada en el marco del último debate de política general y del acuerdo presupuestario con EH Bildu para este 2022.
La cuestión del contexto en el que se gestó el Amejoramiento se abordó muy concretamente en la ponencia “La violencia como condicionante de la política y del derecho”, a cargo de Amaia Álvarez, profesora ayudante doctora de Historia del Derecho de la UPNA. En su intervención, se centró en el periodo entre 1978 y 1982, cuando se inició y desarrolló la negociación relacionada con la Lorafna. Recordó que fue un periodo «convulso marcado por la violencia de diferentes grupos», entre los que figuraban ETA, la extrema derecha y las acciones protagonizadas por agentes del Estado. Una circunstancia que también se vivía en otros lugares de Europa, como Alemania (RAF), Italia (Brigadas Rojas) o el norte de Irlanda (IRA), matizó.
En ese contexto, Álvarez aseguró que «la violencia fue uno de los elementos que más marcará la Transición y la negociación de la Lorafna». Sin embargo, en la parte de preguntas, José Antonio Asiain, que fue asesor jurídico de la Comisión Negociadora de la Lorafna y más adelante alto cargo en gobiernos del PSN con Gabriel Urralburu, tomó la palabra para cuestionarlo. Afirmó que «la violencia estuvo muy presente, pero no condicionó en absoluto el contenido de la Lorafna». Incluso sostuvo que «si hubiera sido así, se habría modificado al desaparecer esa violencia».
La otra evidencia ante la que se revuelven los defensores del Amejoramiento es la falta de aprobación ciudadana. Así, Mikel Bueno, investigador de la UPNA, destacó que la norma fue «el resultado del enfrentamiento de las tesis entre los partidarios de la ruptura democrática y los partidarios de la reforma política. La victoria de estos últimos dio lugar al Amejoramiento, tras un periodo de conflictividad política y social muy fuerte, donde el cambio de postura del PSOE jugó un papel clave para la victoria de las tesis reformistas» (el PSN ni siquiera existía antes, sino que los socialistas navarros estaban incluidos en el Partido Socialista de Euskadi).
Ante la constatación, entonces y ahora, de un sector social partidario de la unidad vasca y otro favorable a la actual fórmula, Bueno reivindicó «dar la palabra a la ciudadanía para que exprese su opinión, algo que no pudo hacer en 1982».
Otras participantes en las sesiones como la profesora de la UPV-EHU Juana Goizueta o los de la UPNA Álvaro Baraibar y Juan María Sánchez Prieto también abordaron esta cuestión.
Y es que Nafarroa es la única comunidad autónoma en la que su Estatuto nunca ha sido votado, junto a Ceuta y a Melilla. Cuando se ha planteado puntualmente la cuestión, UPN ha llegado a argumentar que esa es una especificidad navarra y ha intentado darle un carácter positivo.
En paralelo, el también profesor de la UPNA y exparlamentario del PSN Jorge Urdánoz dijo que «la Transición se ha mitificado durante mucho tiempo. Tuvo sus luces y está bien insistir en ellas, pero también tuvo sus sombras y es preciso tenerlas en cuenta para aprender y progresar». Mencionó como detalle que tampoco hubo opción de elegir entre monarquía y república.
Tampoco se pasó de largo en estas sesiones que la representación abertzale fue excluida de aquella negociación, en la que solo hubo representantes de PSOE, UCD y AP.
Proceso forzado desde abajo
En esta primera jornada sobre el 40 aniversario de la Lorafna, Imanol Satrustegi, profesor asociado de Historia Contemporánea de la UPNA, se remontó al final de la dictadura de Francisco Franco para analizar la cuestión “«Hicimos lo que había que hacer»: la transición en Navarra desde abajo”.
En su ponencia, Satrustegi rememoró que a finales de los 60 el desarrollismo generó «una nueva clase obrera consciente de sí misma que creó nuevas herramientas para combatir al franquismo». Esa oposición a la dictadura «estuvo en la calle y no en las élites» y se hizo especialmente patente en Nafarroa, que desde 1971 pasó a ser «una de las provincias más conflictivas del Estado español» y donde «el vasquismo formaba parte del ADN del antifranquismo».
Entonces se desarrolló lo que denominó el «movimiento vasco radical de masas, que fue fundamental para erosionar la dictadura» y contra el que el régimen de Franco respondió con más represión, lo que «radicalizaba más a la oposición antifranquista».
Hacia 1976-77, «la izquierda abertzale pasó a ser el referente» de ese movimiento que, frente a la oposición al franquismo que se había avenido a un pacto social y renunciado a una revolución, «pedía transformaciones más profundas». Como reacción a ese auge «del vasquismo rupturista, surgió el navarrismo, que sirvió para la relegitimización de la derecha».
En estas circunstancias se gestó el Amejoramiento navarro, en el que centró su ponencia Roldán Jimeno, profesor titular de Historia del Derecho de la UPNA.
En su intervención, titulada “El Preámbulo de la Lorafna como interpretación historicista del derecho de las transiciones navarras”, destacó que ese texto consta de dos partes, una historicista y otra más moderna, que fueron redactadas desde «el regionalismo navarro y desde el Partido Socialista, y que casan mal».
Sobre la primera parte, incidió en que se cita el papel de Nafarroa en «la unidad nacional española», algo que «choca», además de ofrecer una visión «en positivo» de la ley de 1839, «la más criticada en Navarra», ya que suprimió la condición de reino del territorio para convertirlo en una provincia con algunos fueros.
Jimeno señaló que en el preámbulo de la Lorafna se ofrece «una visión oficial de la historia de Navarra que, paradójicamente, es la contraria a la que ha tenido Navarra, sea desde la derecha o desde la izquierda, desde el vasquismo o no vasquismo».
Proceso forzado desde abajo
En la apertura de las jornadas, el presidente del Parlamento navarro, Unai Hualde, declaró que la efemérides de los 40 años se debería aprovechar para «formular propuestas de reforma a partir de un riguroso balance sujeto al contexto histórico y los antecedentes jurídicos».
Tras considerar que «las reflexiones que salgan de estas jornadas pueden ser muy relevantes para fortalecer el autogobierno desde la realidad actual», Hualde hizo suyo el contenido de la resolución que ha dado pie a estas sesiones sobre la Lorafna.
También se congratuló por el compromiso del Estado de posibilitar «transferencias históricas como la de Tráfico», aún pendiente de materializar. Y al respecto, el presidente de la Cámara subrayó que «esto no es sino cumplir lo ya comprometido, el nivel de autogobierno acordado hace 40 años», aunque todavía «queda mucho trabajo para consumar lo reconocido en nuestra norma institucional básica».

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