Johnson asegura un debilitado liderazgo en el Gobierno y el partido
La exigua mayoría de 211 apoyos frente a 148 que logró ayer Boris Johnson para salvar la moción de censura interna en las filas conservadoras deja al primer ministro británico tocado en su liderazgo, con las dudas de cuántas vidas le quedan y de si supone un activo o un lastre para las próximas elecciones.

El primer ministro británico, Boris Johnson, se aseguró seguir al frente del partido Conservador y del Gobierno al ganar la moción de censura interna en la que 211 electos conservadores del Parlamento respaldaron su continuidad, pero 148 apostaron por un cambio de liderazgo.
La exigua victoria deja ese liderazgo muy tocado. Aunque los conservadores no podrían volver a convocar un voto contra él en doce meses, según las actuales normas de la formación, el cuestionamiento de su figura ha sido evidente. De hecho, el respaldo ha sido menor que el obtenido por Theresa May en la moción de confianza (200-117) interna que ganó en 2018, seis meses antes de su renuncia.
El propio Johnson afirmó entonces que fue «un muy mal resultado, mucho peor de lo que parece». Aquel 63% habría supuesto ayer 226 votos que Johnson no alcanzó, por lo que el resultado supone un duro revés para el mandatario.
Horas antes de la moción, el primer ministro se reunió a puerta cerrada con su grupo parlamentario, un encuentro en el que pidió el respaldo y la unidad del influyente Comité 1922, que agrupa a los diputados conservadores sin carteras.
En su discurso, Johnson esgrimió que es el artífice de la mayor victoria electoral para los conservadores en varias décadas y pidió pasar página del escándalo de las fiestas en Downing Street durante la pandemia, el denominado «partygate».
Ese escándalo ha sido el que ha desplomado su popularidad y ha llevado al 15% de su grupo parlamentario (54 diputados) a convocar la moción de ayer.
Johnson ha dilapidado la popularidad que alcanzó al arrasar en las elecciones en 2019 con una mayoría absoluta que avaló además el Brexit del que hizo su bandera. El primer ministro se ha ganado la enemistad dentro de su propio partido de exministros cesados, electos que ven en peligro su escaño y escépticos del confinamiento.
Lastre o baza electoral
Pese a presentarse ante el grupo parlamentario como ganador electoral, el exiguo resultado deja dudas sobre su rentabilidad en la próxima cita en las urnas y muchos dudaban de que apoyarle fuera proteger al partido.
Su tasa de popularidad ha pasado del 66% de opiniones favorables en abril de 2020 al 26%, (último sondeo YouGov) y el 60% de los británicos creen que debería dimitir. Aun así, ayer contó con el apoyo de pesos pesados del Gobierno, entre ellos los ministros de Economía, Rishi Sunak, y Exteriores, Liz Truss, que aparecían como posibles sucesores.
La campaña de vacunación contra la pandemia y la respuesta del Gobierno a la invasión rusa en Ucrania fueron los argumentos que defendieron Sunak y Truss para apoyar el liderazgo de Johnson, al igual que el viceprimer ministro, Dominic Raab, y los titulares de Sanidad, Sajid Javid, Comunidades y Cohesión Territorial, Michael Gove,Transporte, Grant Shapps, o Irlanda del Norte, Brandon Lewis.

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