Raimundo FITERO
DE REOJO

Atrapados en la desmemoria

Si yo escribo aquí y ahora que José Antonio Primo de Rivera y Federico García Lorca se corrían juergas nocturnas por el Madrid de los meses previos al golpe militar me pueden mandar ustedes a un siquiatra o a la misma Inquisición, porque son esas cosas que nunca se cuentan. Lo único claro es que ambos fueron víctimas del desastre provocado por la violencia política. El fundador de la Falange Española era una persona con buena formación, de tal manera que Franco embargó toda posibilidad de respuesta de ese partido de corte fascista para que prevaleciera su militarismo sin más ideología que el poder a sangre y fuego.

La verdad es que los que fusilaron a Lorca no dejaron rastro de donde lo enterraron y que a base de una tardía, descafeinada, complaciente Ley de Memoria Democrática han exhumado los cuerpos de Franco primero y de José Antonio, ayer mismo. La familia del dictador sigue ejerciendo presión, la de Primo de Rivera ha mantenido un perfil más bajo, pero sus seguidores han dado muestras de la existencia de un auténtico nido repleto de huevos de serpiente fascista. Y, lo que duele, es la juventud de algunos de los manifestantes brazo en alto.

Lo más anormal es la descarada postura antidemocrática y negacionista de la dictadura de los franquistas de corte y confección del PP. Hasta Borja Mari avisa de que si ganan abolirán esta ley. Por eso Juan Carlos I anda (es decir) de médicos por Gasteiz con total impunidad fiscal. Las familias de todos los arrojados a fosas comunes en Cuelgamuros exigen reparación inmediata. Demasiada desmemoria insufrible.