UN MANJAR CODICIADO POR SUIZOS E ITALIANOS
Chocolateros artesanos italianos y el gigante suizo Lindt se enfrentan por el sello europeo de calidad IGP del famoso «gianduiotto» de Turín.

Un comité de 40 chocolateros artesanales y empresas como Ferrero, Venchi y Domori intenta obtener para el gianduiotto de Turín, un pequeño bombón cremoso que se deshace en la boca, una Indicación Geográfica Protegida (IGP), un sello europeo de calidad. El objetivo es aumentar su notoriedad, multiplicar sus ventas, calculadas en 200 millones de euros anuales y perpetuar la tradición. Pero las objeciones de Lindt, que desde 1997 es dueña del fabricante italiano Caffarel, que reivindica la paternidad del gianduiotto, podría dar al traste con el proyecto. El comité elaboró un pliego de condiciones muy detallado para quienes deseen etiquetar sus productos con la futura IGP. Fiel a la tradición, aboga por volver a la receta tradicional: 30-45% de avellanas tostadas del Piamonte, al menos un 25% de cacao y azúcar. Esta fórmula no es del gusto de Lindt, que defiende que se añada leche en polvo y se rebaje la cantidad de avellanas. Toda una herejía para los guardianes de la tradición. Caffarel asegura que no se opone al reconocimiento de una certificación de origen IGP, pero tiene su propia marca. El pulso se mantiene.

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