Hazte una margarita
En el restaurante mexicano de mi calle luce un cartel que me provoca una suerte de salivado extra: «Si la vida te da limones, hazte una margarita». No es cóctel de mi devoción, pero al igual que el guacamole, creo que es un invento para potenciar el turismo americano caricaturizado en diversas películas de género neutro de sol, playa y erotismo básico, pero que poco tiene que ver con los hábitos gastronómicos y de uso de los alcaloides y destilados en los mundos variables mexicanos tan exuberantes.
La cuestión está en el fondo filosófico, los limones están estigmatizados. Había unos premios limón para lo desagradable y unos naranja para lo encantador. Y, sin embargo, convivimos con los limones cotidianamente en tantas funciones que se les podría considerar imprescindibles en nuestra cocina y nuestra mesa. Pues bien, al parecer y según datos ofrecidos por diversas organizaciones, sobran 400.000 toneladas de limones en los campos ibéricos. Lo que hagan con ellos será como para montar manifestaciones y reflexionar de manera seria. Desórdenes del mercado. Da para hacer una margarita por cabeza cada día a todos los mayores de edad.
Estos desajustes pueden ser habituales cuando todo se mide por la rentabilidad inmediata. O cuando ante un hecho televisado, los uniformados de Marlaska urgen hacer detenciones sin garantías. Acaba de pasar con los supuestos narcos detenidos tras la muerte de guardias civiles embestidos por una lancha en Barbate. La propia institución señala que no participaron en el incidente. Lo habitual.

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