Un viaje en el tiempo al museo de arte que diseñó un moderno Aurelio Arteta
Este año se conmemora el centenario del Museo de Arte Moderno de Bilbo, una institución pionera en una época en la que solo Barcelona y Madrid contaban con museos dedicados al arte moderno. Una conmemoración que también nos permite hacer un viaje por una historia marcada por sangre, guerra, creatividad y vanguardias.

“Entreacto. Museo de Arte Moderno de Bilbao, 1924-1945” es una de las tres exposiciones programadas por el bilbaino Museo de Bellas Artes para este verano, una muestra inaugurada ayer y que permanecerá abierta hasta el 7 de enero del próximo año. En ella se propone al visitante un viaje por el pasado que arranca en 1924, con la inauguración de aquel Museo de Arte Moderno, dirigido entonces por el pintor Aurelio Arteta (1879-1940), figura central del arte vasco del primer tercio del siglo XX y considerado el creador de una iconografía unida al nacionalismo vasco. El viaje terminará en 1945, al alojarse en el edificio del Museo de Bellas Artes, donde las colecciones de ambas instituciones terminarían por fusionarse.
La muestra se extiende por once salas con obras de arte y documentación, en buena parte inédita, que profundiza en acontecimientos clave de la historia del museo, como adquisiciones de obras emblemáticas, las primeras exposiciones o la evacuación de fondos con motivo de la Guerra del 36.
El verano se completará con “Familia Sota. Arte y mecenazgo” (21 de junio a 13 de octubre), medio centenar de obras relevantes de este conjunto artístico excepcional iniciado por el empresario bilbaíno Ramón de la Sota y Llano (1857-1936), y “Eduardo Chillida-Godofredo Ortega Muñoz” (25 de junio a 30 de setiembre).
El Museo de Arte Moderno de Bilbo abrió sus puertas el 26 de octubre de 1924 bajo la dirección de Aurelio Arteta, ocupando tres salas de un edificio de la Diputación en donde se reunían las 137 obras de la colección inicial: una veintena fueron adquiridas en la Exposición Internacional de Pintura y Escultura de 1919 por la Diputación, otras de artistas en activo fueron segregadas del Museo de Bellas Artes de Bilbo -inaugurado diez años antes en unas salas de la Escuela de Artes y Oficios situada en el antiguo Hospital Civil de Atxuri, bajo la dirección del pintor Manuel Losada- y a ello se le añadieron nuevas donaciones y adquisiciones.
La Guerra del 36 suspendió la actividad de ambos museos y el grueso de las colecciones fue almacenado o expatriado al Estado francés por mar. Con la larga sombra del franquismo, el regreso de las obras hizo evidente la necesidad de una sede para alojarlas. «Algunas de aquellas obras se perdieron probablemente tras la guerra, pero es difícil especificar cuáles. La mayoría si que pudieron volver», apuntó ayer Mikel Onaindia, comisario de la muestra junto a Miriam Alzuri. En 1945, se construyó un edificio de nueva planta según el proyecto de los arquitectos Fernando Urrutia y Gonzalo Cárdenas en el Ensanche moderno de la ciudad, siguiendo modelos del repertorio neoclasicista. Un edificio que, en la actualidad, se encuentra inmerso en pleno proceso de obras de renovación.

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