Xole ARAMENDI
Entrevue
alauda ruiz de azúa
Guionista y directora

«Los relatos de las víctimas de violencia sexual nos dieron fuerza»

En “Querer”, el espectador es testigo de la acusación de Miren Torres (Nagore Aranburu) contra su marido Iñigo Gorosmendi (Pedro Casablanc) por maltrato y violación continuada. Y del posterior juicio que remueve los cimientos de toda la familia. Alauda Ruiz de Azúa firma esta serie realizada para Movistar Plus.

(J.DANAE | FOKU)

Zinemaldia acoge hoy el estreno de “Querer”, la serie que ha escrito y dirigido Alauda Ruiz de Azúa (Barakaldo, 1978). Se ha embarcado en la arriesgada apuesta de adentrarse en el universo íntimo de una pareja marcada por la violencia sexual durante largos años. Hasta que la mujer dice «basta». Es de destacar el trabajo de Nagore Aranburu. Forman el elenco Pedro Casablanc, Miguel Bernardeau, Iván Pellicer y Loreto Mauleón.

Le preguntamos a Ruiz de Azúa por el germen del proyecto. «Me contactaron los productores Juan Moreno y Koldo Zuazua. Querían hacer una serie sobre el consentimiento sexual dentro de un matrimonio, tenían en mente la historia de una mujer que denuncia a su marido por violación. Me pareció impactante. La premisa me generó muchísimas preguntas. Eran muy incómodas y vi que las respuestas iban a ser complejas. ¿Cómo ocurre algo así en un matrimonio de muchos años? ¿Fue un noviazgo con relaciones sexuales consentidas? ¿Cómo se da el paso a una violación? ¿Las mujeres pasan de consentir a ceder en una situación así? ¿En qué momento se priorioza el deseo del otro frente al tuyo? Si es un matrimonio de muchos años es probable que tengan hijos mayores... ¿Como hijo cómo te enfrentas tú a eso? Me surgieron tantas cuestiones que me pareció un tema a investigar y hacerlo con rigor para poder entenderlo, ya que tiene algo de tabú».

INVESTIGACIÓN

La fase de documentación e investigación les llevó unos meses. «‘Querer’ está inspirado y construido con aspectos de muchos casos reales. El proceso de investigación fue importante. Desde hablar con abogados especialistas, psicólogos, por supuesto, víctimas. También fuimos a juicios reales».

Las entrevistas con las víctimas tuvieron lugar en Euskal Herria. «Fue muy especial a nivel humano ese tipo de conexión, de confidencia, de conversación, de ponerle cara y piel a todo eso. También fue difícil, son relatos que te atraviesan. Nos dio mucha fuerza para enfrentar el proyecto, nos ayudó a pensar que puede haber algo valioso en la conversación que genera la serie», cuenta la directora.

VIOLACIÓN CONTINUADA

Es novedoso al marco de un matrimonio de más de tres décadas. Se habla mucho del consentimiento en una discoteca, un piso... En “Querer” la denuncia de la mujer es de violación continuada. «No hemos querido dirigir la opinión del espectador, pero sí contarle el proceso. Las mujeres entrevistadas cuentan que se llega a la situación de que aunque haya podido mantener relaciones sexuales consentidas e incluso estar enamorada de esa persona se crea un escenario en el que no puede ejercer su voluntad. ¿Cómo se genera eso? ¿Qué papel tiene el miedo¿ ¿Cómo lo vive el otro? ¿Por qué ocurre? Este era el reto de la serie. Es verdad que dentro del matrimonio veíamos que narrativamente no teníamos ningún referente. Es algo de lo que no se ha hablado. Es incómodo, porque igual nos obliga a revisar el pasado», dice.

En el fondo es una relación de poder, del hombre sobre la mujer. «Todas las relaciones pueden verse como relaciones de poder. Para poder juzgar este tipo de historias no solo basta con pensar cómo se concreta ese abuso o esa agresión sexual, sino que tienes que entender el contexto y ver en qué equilibrio o desequilibrio de fuerzas se da. Muchas veces todo lo que tiene que ver con la sexualidad, por esta cosa de que pertenece a la intimidad de dos personas, tiene algo de animal o irracional, no hemos querido entrar a analizar desde otro prisma todo lo que ahí puede pasar. Una relación sexual, al final, es como cualquier otra relación, del tipo que sea, en términos de poder analizarla de si es equitativa, cómo están distribuidas las fuerzas, quién ejerce el poder sobre quién, cómo se construye esa relación, claro», señala.

TELA DE ARAÑA

Es una tela de araña en la que Iñigo Gorosmendi no solo atrapa a Miren Torres, sino también a sus hijos Aitor y Jon. No es cosa de dos, sino por lo menos de cuatro personas. «Eso que dices es muy interesante porque las mujeres víctimas lo saben. Y casi es un obstáculo más en su camino. Saben las consecuencias que puede tener no solo para ellas, sino para todos los demás. En el caso de los hijos me parecía un viaje interesante. Un proceso judicial empieza y termina pero tú siempre eres hijo de alguien. Aunque rompas con un padre o una madre y pongas una distancia física, mentalmente siguen conectado. Creo que es de los dilemas más difíciles que te pueden tocar. La idea era que, a través de dos personajes masculinos diferentes en su intimidad, en su escala de valores, en sus relaciones con sus padres, ver cómo afrontar este juicio en el que tienen que tomar parte», afirma.

Está la utilización de los hijos como arma arrojadiza. De buscar aliados y de obligarlos a tomar parte. «Sí, incluso es otra relación que se puede ver en términos de poder. Del poder que tiene como padre sobre tus hijos y el uso que haces de él. Del abuso a la hora de ponerles en situaciones que para ellos pueden ser traumáticas. Es interesante. Ese juego de poderes está en todas las relaciones familiares. Pedro Casablanc fue muy generoso con su personaje, que es ingrato en el sentido del viaje que tiene. Menos mal que decidimos que fuese un ser humano y no un psicópata. Parte de la tragedia es que se creen sus relatos, que lo hacen por amor, por el bien de su familia. Ha quedado un personaje muy humano, con sus luces y sombras. A veces da más miedo que sean humanos».

Y ahí está la evolución del hijo mayor. Es de destacar cómo plasma en la serie la repetición del modelo que ha vivido desde pequeño en su propia familia. «Sí, el viaje del personaje de Aitor es de los más bonitos en el sentido de que se enfrentra al vértigo de repetir un modelo, al miedo de convertirte en tu padre. Todos heredamos cosas de nuestros padres, lo queramos o no».

VIRAJE

Y está la dificultad de reflejar su viraje en muy pocas escenas. Supongo que no sería fácil, y además de hacerlo creíble. «De hecho, está escrito de manera muy gradual y con pequeños detalles. Creo que son procesos de aprendizaje, la toma de consciencia es muy lenta. Son pequeñas cosas las que le hacen despertar. Me parece muy bonito lo que desencadena. La serie no es complaciente, se mete en sitios muy incómodos, porque no hay una solución perfecta. Una de las cosas que hablábamos era evitar hacer ‘lo peliculero’. Nuestra inspiración tenía que ver más con la vida real».

Nagore Aranburu, Pedro Casablanc, Miguel Bernardeau, Iván Pellicer, Loreto Mauleón... Es de destacar el nivel interpretativo de todos los actores. ¿Cómo se planteó el trabajo con ellos? «¡Qué te voy a contar de Nagore! Es una joya que tenemos, es maravillosa. Por parte de todos había un gran compromiso de entender a los personajes, y de hacerlo desde un sitio muy emocional, muy humano. Quisimos dejar de lado el juicio, lo intelectual. Eso quedará para el espectador. Cuando vea la serie sacará sus propias conclusiones. Nosotros queríamos vivir el momento, y así tienes a ser más emocional».

CONSTRUIR LA FAMILIA

«En los ensayos nos centramos en construir la familia, en ver cómo se habían relacionado en el pasado, cómo habían discutido, cómo lo habían vivido los hijos o incluso qué ocurre cuando se rompe... Más que repetir escenas concretas hacíamos improvisaciones o lecturas de escenas buscando entenderlo».

La narración del filme se da en base a los diálogos de los personajes. El espectador no ve los hechos acaecidos en estos últimos años. «En el juicio se habla de cosas que no se ven en la pantalla. Nosotros sí las recreábamos en los ensayos en algunos casos. Y ha sido bonito porque genera algo en la memoria en ellos, como un recuerdo, y al contarlo en el juicio lo sentían como algo real. Había una inquietud, que para mí vertebra la serie. Muchas veces cuestionamos a las víctimas de violencia sexual, la credibilidad de su relato. ¿Por qué no lo ha denunciado antes? En la mayoría de casos no hay vídeo o audio. Para mí era bonito que el espectador tuviera que juzgar a través de sus relatos. No lo cuento yo, sino los propios personajes. Es como ellos lo han vivido».

Como directora le interesan los personajes con claroscuros. Nagore Aranburu ha destacado el arco interpretativo de Miren Torres. «Sí, en el personaje de Nagore es clave en el sentido de que queremos alejarnos del cliché de la víctima, de la mujer llorosa, sobrepasada. Ese tipo de imágenes. Tras la toma de contacto que tuvimos con las víctimas era interesante mostrar otro perfil. En dejar la vida que tienes con tu familia y denunciar algo así y enfrentarte a un proceso judicial hay sufrimiento y momentos de rabia, de deseo de justicia, y culpabilidad -aunque sea irracional-... pasan por mil estados de ánimo distintos. Era intentar reflejar esto más que centranos en el sufrimiento. Para sostener todo eso no podía estar rompiéndose a cada minuto, si no no subía esa montaña.

CONTENCIÓN

Y hacerlo desde la contención, que puede ser el sello de Nagore Aranburu como actriz dramática. «Ella tiene un don natural, tiene ese talento de hacerlo todo desde la verdad y conectar con lo que sea que le lances. También hablamos de contener. Ella tiene tanto dolor, tanta incomprensión... las dos sentíamos que si soltaba la espita se iba a derrumbar en cada momento. Era contener, contener... contar lo justo para seguir avanzando. Es una víctima que nunca llora, excepto en un momento muy concreto y que estaba muy hablado por las dos».

«El miedo es invisible», dice Miren en el juicio. Es una de las claves de la película. «Es una de las frases que resonaba mucho en la escritura y en el rodaje. Hay una capa de la serie que habla del miedo. Para entender cómo se puede quebrar el consentimiento y darse un abuso tienes que hablar de ello. Y de cómo la violencia puede ser invisible, claro».