Un empleo de calidad, más allá del salario y de la estabilidad
Sandrine Cazes, economista de la OCDE, participó en el VII Congreso de Empleo que se celebró ayer en Gasteiz, donde explicó las tres dimensiones que dan pie a un trabajo de calidad: los ingresos, la estabilidad y el «entorno laboral», que incluyen prestaciones no monetarias y flexibilidad.

¿Se puede medir la calidad del empleo? Y, de ser así, ¿en base a qué parámetros? Sandrine Cazes, economista sénior en la Dirección de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la OCDE, trató de responder a estas preguntas ayer en la ponencia que abrió el VII Congreso de Empleo, organizado por Lakua en el Palacio de Congresos Europa de Gasteiz.
Cazes explicó ante los presentes las tres dimensiones que componen un empleo de calidad: los ingresos, la estabilidad del mercado laboral y el «entorno de trabajo», un «aspecto más innovador» que abarca diferentes aspectos no monetarios, como son la flexibilidad de horarios, la posibilidad de realizar teletrabajo y el propósito del empleo, en alusión al objetivo del proyecto.
Se trata de aspectos cualitativos que, tal y como reconoció Cazes, van ganando terreno, sobre todo entre los más jóvenes. «No les importa tanto el salario, sino que puedan trabajar de forma remota, y trabajar cuatro días en lugar de cinco», indicó.
En este sentido, señaló que un estudio realizado en Estados Unidos mostró que algunos trabajadores estaban dispuestos a una reducción del 7% en su salario a cambio de teletrabajar y de una mayor flexibilidad en los horarios. Y apuntó que algunos estudios advierten de que los que trabajan de forma remota sufren menos tensión que los trabajadores expuestos al público, a los que denominó «trabajadores de primera línea».
INGRESOS MERMADOS
De hecho, tras la pandemia de covid-19, muchas empresas han optado por tratar de atraer trabajadores ofertando «un pack que incluye una serie de beneficios a nivel de prestaciones», lo que no siempre lleva aparejado un aumento salarial. De hecho, Cazes reconoció que, un lustro después, «los salarios reales no han llegado a alcanzar los niveles de 2019».
De 2021 a 2022, el nivel salarial se redujo en 26 de los 32 Estados analizados por su organización, un deterioro que, a su juicio, «se explica por el impacto significativo de la inflación». Según relató, el Estado español, con un salario bruto medio de 45.730 euros anuales, «se ha mantenido mejor» gracias al aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), aunque sigue por debajo de la media de la OCDE (52.725 euros) y lejos de Suiza, que lidera el ranking con 93.686.
Cabe subrayar que el nivel salarial juega un papel crucial a la hora de analizar la calidad del empleo, y los estudios elaborados al respecto evidencian que la satisfacción vital mejora con el aumento de los ingresos. «Los países con mayores ingresos tienen mayor satisfacción vital, y el bienestar general tiende a ser mayor cuanto más igualitaria es su distribución», remarcó Cazes, que habló de una «aversión a la desigualdad».
INSTITUCIONES
En cuanto a la seguridad del mercado laboral, la ponente destacó el riesgo a perder el trabajo, e incidió en que «lo importante no es estar desempleado, sino el tiempo que se permanece desempleado», algo que afecta notablemente al nivel de ingresos.
Señaló que existe una «tendencia positiva» asociada a la mejora de la cobertura de desempleo, pero las instituciones podrían utilizar las políticas activas de empleo para dar más pasos. Y también podrían mejorar la calidad del entorno laboral con cambios en la jornada de trabajo. Una idea que va ganando terreno y está en la agenda política y mediática.
«Es importante darnos cuenta de que la calidad del empleo no se puede medir solo por salarios o ingresos, hay que tener en cuenta cuestiones de desigualdad o distribución», manifestó Cazes, que antes de incorporarse, en 2013, a la OCDE trabajó durante 17 años en la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

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