Crisis ecológica: todo está dicho, pero todo queda por hacer
El año que acaba no solo será, según las estimaciones, el más cálido jamás registrado, sino que será también el primero en el que la temperatura media global supere en 1,5ºC la de la era preindustrial. Es evidente que el tiempo de la inacción debe quedar atrás, porque lo que hagamos aquí y ahora es lo que va a determinar la vida de quienes han nacido o van a nacer precisamente en esta década.

El año 2024 se perfila como significativo en el contexto del cambio climático: por primera vez, la temperatura media global superará en 1,5ºC la de la era preindustrial. La crisis ecológica, con sus múltiples facetas, se agrava. La estabilidad climática que permitió el florecimiento de las civilizaciones se desvanece, y cada décima de grado adicional trae consigo un caos extremo.
Por tanto, estos gráficos pueden ser peores el año que viene. Puede que este haya sido el año más frío del resto de nuestras vidas, y que en 2025 se supere otro límite. El pesimismo paraliza, enfurece, genera impotencia y apatía, pero mal haríamos si ignorásemos todas estos datos que apuntan a un precipicio. Todo está dicho ya, las señales de alarma son ensordecedoras y las pruebas irrefutables, pero no cabe la resignación: el tiempo de la inacción debe quedar atrás.
Que la crisis climática se agrava es evidente simplemente observando los registros de temperaturas. El Acuerdo de París, que se adoptó en diciembre de 2015, estipulaba que se debían tomar las medidas de reducción de emisiones de CO2 y descarbonizacion de modo que se evitase llegar a un calentamiento de 1,5 grados en 2100. Pues bien, ya estamos ahí: el observatorio europeo Copernicus informó de que en 2024, por primera vez, la temperatura superará en 1,5ºC la temperatura de la era preindustrial.
¿Qué significa? Que el planeta cada vez tiene mas energía disponible y por tanto tiende a crear estaciones más extremas y a generar anomalías hasta un punto que serán incompatibles con la vida humana. Ojo, el planeta sobreviviría, pero no la civilización.
LÍMITES PLANETARIOS
En 2009, Johan Rockström, del Stockholm Resilience Centre, definió el concepto de límites planetarios, los umbrales físicos que la humanidad no debe cruzar. Este concepto supera el reduccionismo que considera que el cambio climático es el único problema ambiental. Ni mucho menos: siete de estos límites ya han sido rebasados en los últimos años. Y en este 2024 otro, la acidificación de los océanos, se ha acercado al umbral crítico, o puede que ya lo haya cruzado. Todos esos puntos de no retorno están entrelazados, y la caída de uno de ellos puede desencadenar la llegada de otros.
RICOS Y POBRES
Cualquier estrategia de mitigación debe adoptar un enfoque integral para abordar el problema ambiental. La crisis ecológica está intrínsecamente relacionada con numerosas cuestiones urgentes de nuestra sociedad neoliberal, incluyendo la justicia social y la deuda histórica del Norte hacia el Sur Global. Esta realidad se manifiesta en el hecho de que los países más pobres, los más vulnerables a la crisis ecológica, son también los que menos CO2 emiten. En contraste, los países desarrollados son los principales emisores. Pero esto también va de clases. El 1% más rico de la población mundial generó en 2019 la misma cantidad de emisiones de carbono que los 5.000 millones de personas que componen los dos tercios más pobres. Toda lucha contra el cambio climático debería tenerlo en cuenta.
El objetivo del gráfico de debajo de estas líneas es plasmar la idea de que lo que hagamos aquí y ahora es lo que va a determinar la vida de nuestros hijos o nietos. IPCC plantea cinco escenarios que arrojan vidas radicalmente diferentes en 2090 para quienes hayan nacido en en esta década. Y el punto de bifurcación de esos cinco itinerarios es el presente. Es fundamental reconocer que hay soluciones disponibles.

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