Las futuras estrellas de la danza compiten (sanamente)
Está prohibido aplaudir y cada participante es identificado con un número, para que no haya favoritismos. Sobre el escenario, seriedad. Son estudiantes de danza de entre 10 y 19 años, atraídos por la primera edición del Concurso Internacional Developpe Dantza, impulsado por Igor Yebra y Jone Goirizelaia, cuyos ganadores se conocerán hoy.

Al atravesar las puertas de la céntrica sala BBK, situada en plena Gran Vïa bilbaina, dejamos atrás el estrés de un sábado marcado por la ansiedad que exudaba una mara de gente atraída por las rebajas y una climatología ventosa y mojada, avanzadilla de la alerta naranja. ¿Sería la llamada Éowyn o, tal vez, Herminia?, nos preguntábamos ayer mientras les deseábamos a los paseantes que una racha les lleve, de una vez, las bolsas.
Dentro de la sala también se respiraban nervios, pero de otra clase. Allí estaban contenidos; porque, en dos minutos, se lo jugaban todo. La sala bilbaina acoge desde el viernes la primera edición del Concurso Internacional Developpe Dantza, una iniciativa de la asociación del mismo nombre fundada, entre otros, por el bailarín y coreógrafo Igor Yebra, uno de los grandes nombres de nuestra danza, y la directora de Ballets Olaeta, la abogada y coreógrafa Jone Goirizelaia.
Apoyado por BBK, el Ayuntamiento de Bilbo y la Diputación de Bizkaia, el concurso ha conseguido alcanzar en esta primera edición nada menos que 280 inscripciones, guiado en su objetivo de «descubrir jóvenes talentos y ayudarles a impulsar su carrera»; en suma, dar visibilidad a una disciplina artística con tanta cantera, con tantos buenos bailarines, pero, a la vez, tan necesitada de centros donde estudiar, compañías en las que trabajar y teatros que programen danza.
«Aquí se ha apostado mucho por las artes visuales. Ahí tenéis un gran museo como el Guggenheim, pero también hay que apostar por otras disciplinas», advertía Muriel Romero, directora de la Compañía estatal de Danza. Romero es uno de los miembros del jurado de primer nivel que Yebra ha reunido para este concurso: están también Charles Jude, estrella de la Ópera de París, presidente de la Fundación Lifar y miembro del Consejo Directivo de la Fundación Nureyev; dos vascas de carrera internaciona, como Leire Ortueta, profesora del Royal Ballet School y quien fue solista de la Royal Ballet Company, y Mónica Zamora, ex bailarina principal del Birmingham Royal Ballet y exgobernadora del Royal Ballet de Londres; y Mikel González Pujana, primer bailarín solista y profesor de Ballets Olaeta.
A POR LA BECA
El concurso arrancó el viernes y, desde entonces, hasta la noche de ayer, no pararon de pasar concursantes sobre el escenario. Competían en categorías individuales (infantil, de 10 a 12 años; junior, de 13 a 15 y principal, de 16 a 19). También en grupales, en estilo libre y euskal dantza.
Un vistazo a las normas y se veía que aquello iba en serio. También se lo toman así los concursantes, que optan a premios con dotaciones económicas -más de 7.000 euros en total- y a becas en centros de prestigio de todo el mundo, como la Compañía estatal de Danza que dirige Muriel Romero, la Corella Dance Academy de Barcelona, el Alberta Ballet canadiense o el Ballet Nacional del Sodre (Uruguay), que dirigió Igor Yebra.
¿Qué es más importante: premio o una beca?, les preguntamos a Olatz, Garazi, Paula, Ana María e Inés, cinco jóvenes de entre 16 y 18 años, alumnas de Danceway, una academia madrileña preparatoria para la carrera de danza. Algunas venían de Donostia, otras eran madrileñas. Estaban calentando en el foyer, donde también han desarrollado las masterclass durante estos días. Iban a salir al escenario en pocos minutos. «La oportunidad de una beca es muy importante, sobre todo para estudiar fuera, porque eso te da mucho. Por ejemplo, nosotras tuvimos la oportunidad recientemente de bailar en Nueva York por un tiempo y es genial», admitía Ana María, estudiante también Derecho y Administración de Empresas.
Todas ellas sueñan con ser bailarinas... «Pero es muy difícil», reconocía Olatz. «Es como el que quiere ser futbolista, pero peor». Peor pagado, caro para la familia y solo algunas llegan a alcanzar reconoci- miento... pero, nos decían, «bailar es como respirar, forma parte de tu vida, te da unos valores que otros deportes no te dan».
Pocos minutos después, las vimos sobre el escenario. Al bajar, abrazos y ánimos entre ellas. «A veces, hay ambientes tóxicos por el hecho competir y depende de quién te toque, pero nosotras, por ejemplo, tenemos mucha suerte. Nos llevamos muy bien entre todas: cuando sufre una, sufrimos todas, pero es verdad que hay sitios en los que es súper tóxico», explicaba Garazi.
En el palco de arriba, separado del público de la sala, estaba el jurado. «Para la danza es importante que haya este concurso, porque aquí, en Bilbo, no hay una compañía o un conservatorio de danza y está bien que, por lo menos, los estudiantes puedan actuar en un escenario y que se les aprecie», nos decía la bilbaina Leire Ortueta. «El de la danza es un sector bastante debilitado y hay poca cultura en este país sobre esta disciplina. Por eso, cualquier iniciativa como esta todos la hemos apoyado», apostillaba Muriel Romero.
La tolosarra Mónica Zamora iba más allá: «Hay que medirse, pero de una forma sana. Todos los concursos, dentro de mi crecimiento en la danza, fueron muy enriquecedores. Hay que olvidarse de ese tipo de competitividad que puede ser negativa. Pero esa no es la intención: la intención es crear un escenario donde puedan ser vistos, donde ellos mismos se puedan medir y crecer más allá de lo que hacen día a día».

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