Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
LA FIEBRE DE LOS RICOS

Una superproducción descafeinada

Nos cuenta la historia de una sociedad en la que las personas ricas empiezan a verse afectadas por una enfermedad mortal que va arrasando con la población por estratos socioeconómicos.

Es una cinta que va de más a menos, y tanto a nivel visual como narrativo tiene dos partes. La primera con una manera de narrar más directa y con toques más satíricos y una segunda mucho más naturalista y pausada. A pesar de su prometedor punto de partida, la película es un “quiero y no puedo”. Pese a que la factura técnica es impecable, pasamos de un thriller de acción con toques de “Black Mirror”, en el que los personajes no paran de hablar y de correr de un lado para otro, a de repente, algo cercano a un cine más social, estilo “Io Capitano”, donde la imagen prevalece sobre la palabra, cambia el tono y la película se pone demasiado solemne.

Esa transición se hace de manera muy forzada y brusca. En lugar de dejar que las ideas fluyan orgánicamente a través de los personajes y sus acciones, la película opta por diálogos que subrayan sus mensajes de forma un tanto obvia, restándole sutileza y complejidad al enfoque; resulta casi imposible empatizar con ninguno de los personajes.

Mezclar cine de entretenimiento con un mensaje social es algo que hemos visto en infinidad de películas, pero repetir ese mensaje hasta la extenuación y exponerlo de manera tan poco sutil hace que este pierda fuerza e importancia; esto es lo que le sucede a la nueva cinta de Gaztelu-Urrutia. El mensaje que se lanza es muy similar al de “El hoyo”: una crítica a las dinámicas del poder y la riqueza en nuestra sociedad; un discurso necesario, por supuesto, pero lanzado de una manera demasiado machacona.