Incertidumbre mundial ante las amenazas arancelarias de Trump
Las principales economías del mundo esperaban temerosas a que Donald Trump firmara la imposición de aranceles a sus dos países vecinos y a China. Una guerra comercial cuyos efectos también alcanzarían los bolsillos de los propios consumidores estadounidenses.

Mientras las economías de América del Norte y China esperaban a conocer si el presidente de EEUU cumplía su amenaza de imponer aranceles a sus vecinos y al país asiático, Donald Trump pasó la mañana jugando al golf en Florida. La víspera había confirmado que establecería impuestos del 25% a México y Canadá, y del 10% a China.
Trump acusa a sus vecinos de no actuar con firmeza contra la inmigración ilegal ni contra el tráfico de fentanilo, un opioide sintético que ha arrasado varias ciudades. A China le acusa de permitir exportar los principios activos del fentanilo para que los cárteles mexicanos lo fabriquen e introduzcan en EEUU.
Si el viernes Trump afirmó que algunos gravámenes pueden entrar en vigor «alrededor del 18 de febrero», algunas fuentes informaron que Canadá había sido avisada de que los aranceles podrían comenzar este martes. Los ataques de Trump a su vecino del norte han creado una sensación de incredulidad, tristeza y enfado en Canadá, que ha derivado en un sentimiento emergente de orgullo nacional. «Aquí muchos no salen de su burbuja. Nadie en Canadá quiere ser Estados Unidos y perder la sanidad pública que tenemos», decía ayer Mark, un vecino de Toronto de visita en Washington.
En los últimos días, representantes canadienses han estado en Washington reuniéndose con la Administración Trump -incluyendo al zar fronterizo Tom Homan-; la ministra de Exteriores, Mélanie Joly, ha viajado con vídeos de la frontera mostrando las medidas adoptadas por Ottawa evitar los aranceles. Pero lo cierto es que no está claro qué deben o pueden hacer Canadá y México para contentar a Trump.
El “Wall Street Journal” tituló ayer su editorial “La guerra comercial más estúpida de la historia”, recordándole que asegurar que Estados Unidos puede producir todo sin importar nada «se llama autarquía, y no es el mundo en el que vivimos, como pronto descubrirá el señor Trump. Se supone que nada de esto debería suceder, en virtud del acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá que Trump negoció y firmó durante su primer mandato (...) Tal vez Trump cante victoria y se eche atrás si logra algunas concesiones. Pero si persiste una guerra comercial en América del Norte, será considerada una de las más estúpidas de la historia».
El rechazo también llegó desde las propias filas republicanas. El congresista Ryan Paul criticó que «los aranceles son simplemente impuestos. Antes los conservadores nos uníamos contra los impuestos. Poner impuestos al comercio significa menos comercio y precios más elevados».
China ha mostrado cautela hasta ahora ante las amenazas de Trump, sin elevar el tono. Ayer Pekín recordó a Washington que «no hay ganadores en una guerra comercial o arancelaria», y que estaba «comprometida a salvaguardar nuestros intereses nacionales». Canadá también ha advertido de que tomara las mismas medidas que adopte su vecino del sur, con lo que los productos estadounidenses podrían sufrir la reciprocidad de los aranceles impuestos por Washington a los canadienses.
Es cierto que EEUU tiene un déficit comercial con los tres países. Pero, aunque «aranceles» sean una de las palabras favoritas de Trump, no hay que olvidar que ganó las elecciones con la promesa de reducir los precios y bajar la inflación. Y los mercados, siempre influenciables a la incertidumbre, ya mostraron el viernes su volatilidad en cuanto Trump lo confirmó.

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