«Díaz y Errejón son distintas fases de una operación contra la izquierda»
La eurodiputada de Podemos y exministra Irene Montero visita Bilbo para presentar su libro, y en entrevista con GARA pide trabajar por una izquierda confederal «fuerte, sin subordinarse» al PSOE. Opina que Pedro Sánchez «utiliza a Junts y PNV como excusa para no hacer lo que nunca ha querido», y critica a su sucesora en Igualdad y a la líder de Sumar.

Pocas personas políticas tienen tanto vivido en tan pocos años como la número dos de Podemos y eurodiputada, Irene Montero. Con 37 años recién cumplidos, ha sido la primera mujer en defender una moción de censura en la historia del Estado español y la segunda más joven en ocupar su cargo anterior: el Ministerio de Igualdad.
De paso por Bilbo para presentar “Algo habremos hecho” (Navona, 2024), repasa vicisitudes humanas y políticas desde sus comienzos en el activismo en las Juventudes Comu- nistas y la PAH de Madrid mientras se graduaba en Psicología, hasta su integración en el primer gobierno de coalición de izquierdas.
En el libro menciona el reto que es construir un nuevo partido y señala varias veces que «desde un primer momento» percibía que las prioridades de Iñigo Errejón eran diferentes a las suyas.
En el libro detallo cómo son esos años hasta que Errejón se monta una escisión con Manuela Carmena. Lo que me interesa analizar, para que no nos vuelva a ocurrir, es la función que el errejonismo o el yolandismo [por Yolanda Díaz] han cumplido en nuestro país. En el momento en el que la izquierda en el Estado ha tenido más poder en los últimos casi cien años, los sectores más reaccionarios, con la complicidad de la progresía, tuvieron como objetivo que el PSOE fuera el único referente electoral de la izquierda. Lo que han hecho es tratar de anular la capacidad de transformación de la izquierda, que esté débil y no tenga autonomía y capacidad de tomar decisiones al margen del PSOE. Lo que representa el errejonismo, lo que han hecho, no es nada que no pudiera haber hecho el PSOE, excepto una cosa: hacer daño a la izquierda y comprometer las transformaciones. Tenemos que aprender para que no nos vuelva a pasar.
Menciona el espacio de Yolanda Díaz, ¿lo considera igual al errejonismo?
Son diferentes fases de la misma operación política por parte del PSOE y la progresía mediática y política, que ha tenido por objetivo superar a la izquierda y que no pueda tomar ninguna decisión que el PSOE no quisiera. Justamente hemos demostrado estos años que es bueno para España que pasen cosas, aunque el PSOE y el poder establecido no las quiera, como la ley LGTBI Trans, la Ley de Vivienda, el impuesto a las grandes fortunas, la intervención del precio del gas... medidas que hace unos años nos decían que eran bolivarianas. Es bueno para España que haya una izquierda autónoma y valiente, y usar esa fuerza que da la gente votando para transformar.
En el libro narra mucho sobre el lawfare. ¿Es algo que comparte con los independentistas vascos y catalanes? ¿Cómo se puede combatir?
La guerra sucia judicial y mediática, porque si decimos lawfare no se puede separar de lo mediático, la han ejercido no solamente contra Podemos, también contra los independentistas y movimientos sociales, o la criminalización del sindicalismo, o los Seis de Zaragoza… En España, las élites son muy reaccionarias y agresivas, poco capaces de hacer algo por sí mismas que no sea patrimonializar y apropiarse de las instituciones del Estado para, desde ellas, mandar sin presentarse a las elecciones.
El Estado español tiene una tarea urgente de democratización del Poder Judicial y mediático, la democracia está en peligro. Tiene que haber un reparto diferente en el acceso a los medios, no puede ser que funcionen como un oligopolio. Y luego, al igual que los representantes públicos tenemos que hacer declaraciones de bienes, los principales productores y presentadores podrían hacer esas declaraciones, ya que de ellos depende el derecho a la información. Sería muy bueno que se conociera la declaración de bienes de Antonio Ferreras y Ana Rosa Quintana. Si Ana Rosa lleva a la banda de neonazis de Desokupa a legitimarles a su programa, si mucha gente sabe que ella tiene un negocio inmobiliario, se entenderá mejor por qué lleva a los de Desokupa. Y el Poder Judicial probablemente sea el que menos controles democráticos tiene. Hay que repensar el acceso a la carrera judicial y hacer un trabajo exhaustivo de democratización. Su legitimidad no emana del rey de España, sino del pueblo.
Recuerda en el libro la entrada de Podemos al Congreso y cómo el bipartidismo le ponía obstáculos...
Está en la hemeroteca. La alianza que hicieron PSOE, PP y Ciudadanos para poner a Podemos, que era la tercera fuerza en escaños, en el gallinero y darnos menos visibilidad intentaba, a través de lo simbólico, quitarnos el poder que la gente nos había dado en las urnas. Recuerdos como esos hay muchos. La gente vio por primera vez entrar a gente normal, con rastas, con camiseta y vaqueros. Algo que se ha normalizado, pero que en ese momento era anormal. Son anécdotas que simbolizan que siempre nos han tratado como intrusos, nunca han querido reconocer nuestra legitimidad.
Por eso fue importante romper esa cláusula de exclusión y hacer el gobierno de coalición, y es importante que no quede como una anécdota, sino que se estabilice en el tiempo. Que en el Estado haya una izquierda en el poder y que si es fuerte, se consiga avanzar en cosas que con el bipartidismo no se podría.
El mayor cuestionamiento a su gestión fue la ley del «solo sí es sí» y es imposible no valorarla con lo que ha ocurrido en el caso de Gisèle Pellicot. Pero, ¿le cambiaría algo?, ¿haría algo diferente?
Después de un año de ofensiva judicial reaccionaria y mediática contra la ley, que en realidad era contra el derecho a la libertad sexual de las mujeres, nos encontramos un beso no consentido a Jenni Hermoso y el movimiento feminista ha sido capaz de poner a todo el mundo a ver que un beso no consentido es violencia. Y aparece un caso como el de Gisèle Pellicot, que vuelve a la idea de que lo que determina la existencia de agresión sexual es la ausencia de consentimiento y no que exista violencia e intimidación del agresor o resistencia activa de la víctima.
Efectivamente, para mí uno de los momentos más difíciles de estos años fue ver cómo el PSOE cedía a esa ofensiva reaccionaria contra la ley y pactaba volver al esquema anterior por una reforma hecha por un catedrático como Javier Alvarez García, que decía en prime time que ahora iba a tener que despertar a la esposa antes de tener relaciones sexuales.
Ahora es bastante normal escuchar a ministras o al presidente decir que los jueces deben formarse en perspectiva de género y reconocer que hay machismo en la Justicia, pero cuando nosotros explicábamos que la minoría de jueces que elegían rebajar las penas lo estaban haciendo por una mala aplicación de la ley, nos respondían que lo que hacían los jueces era solo aplicar la ley. Cuando citábamos las recomendaciones de Naciones Unidas, pasaban de nosotras. Lo mejor es hacer memoria para que la próxima vez no vuelva a pasar lo mismo, nos pille con más capacidad.
Un poco de política estatal. Si fuera vicepresidenta, ¿qué le sugeriría a Sánchez para desbloquear el Congreso y hacer política transformadora?
Creo que el PSOE y Sánchez están utilizando a Junts y al PNV como excusa para no hacer las cosas que ellos nunca han querido hacer. Dicen que «nosotros queríamos, pero no lo hacemos por Junts y PNV», y es mentira. Lo más importante para sacar una medida adelante es hacer política. Yo tampoco tenía números para sacar adelante la Ley Trans, por ejemplo, y el PSOE mismo se oponía y mandaba circulares a toda la organización diciendo por qué no se podían reconocer esos derechos. Y lo que he hecho es política, hacer que la gente pueda conversar sobre esa iniciativa e ir convenciendo y modificando posiciones. Implica negociar y renunciar a cosas en el camino. Si una injusticia debe acabar, hay que intentarlo hasta que los números se consigan. El PSOE tiene una relación muy conservadora con las instituciones y cree que el PNV y Junts son leones, cuando en realidad son gatitos que están a disposición del poder establecido.
La ministra de Igualdad que le sucedió, Ana Redondo, dijo en “La Vanguardia” que había que cambiar de tono, porque no se podía avanzar más con crispación. ¿Qué opina?
Ese ha sido el discurso del PSOE, han tratado de criminalizar todas las formas de luchas colectivas. No conozco ningún avance en derechos que se haya hecho sin incomodar y que gracias a romper el silencio, pase a ser normal. Culpabilizar a quienes están poniendo el cuerpo en vez de señalar juntas a los reaccionarios es algo profundamente antipolítico. Si una ministra no puede plantear un tema porque genera crispación, según esa lectura, le dices a la gente que si ves una injusticia, «mejor cállate, porque te van a señalar como el molesto, el incómodo». Eso es ponerle una alfombra roja a la extrema derecha. Yo sé que este Ministerio de Igualdad es resultado de una decisión del PSOE de silenciar «este feminismo que incomoda a mis amigos». Y el resultado es que ni siquiera están aplicando las leyes.
Usted desea una tercera república. ¿En forma de estado confederal con libre asociación o de qué tipo?
Sí, la plurinacionalidad de nuestro país debe verse reconocida en la arquitectura institucional al más alto nivel. Una república plurinacional y cómo se concrete debería ser parte de un debate constituyente. Sí creo que ninguna fuerza de izquierda estatal ha estado tan comprometida como Podemos en que el Estado tenga una conducción plurinacional y feminista. Todos los avances fueron posibles en el Gobierno de coalición porque había una articulación entre EH Bildu, ERC y Podemos. Para nosotros fue muy importante. Insisto en que tanto Euskadi como el Estado español necesitan una izquierda fuerte y autónoma del PSOE que se coordine con él sin subordinarse y que transforme.

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