Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
VERMIGLIO

Sutil, hipnótica y repleta de capas

Desde el primer fotograma sorprende la profundidad emocional que desprende la película y la autenticidad de los personajes, así como la capacidad de Delpero para capturar la belleza y el aislamiento del entorno alpino. Con una estética visual deliciosa y una narración pausada, pero sutil y poderosa, la película ahonda en los efectos de la guerra sobre una familia y su entorno.

Ambientada en 1944 en el remoto pueblo alpino de Vermiglio, la historia se centra en la familia Graziadei. La llegada de Pietro, un desertor siciliano, y su relación con Lucía, la hija mayor, desencadenan una serie de eventos que alteran la dinámica familiar.

La cámara, que apenas se mueve, atrapa la belleza y el aislamiento de los Alpes italianos, utilizando la naturaleza no solo como telón de fondo, sino como un personaje más. La atmósfera fría y silenciosa del pueblo refuerza el sentimiento de claustrofobia y la sensación de que el pasado pesa sobre los protagonistas.

“Vermiglio” avanza sin prisa pero sin pausa a través de la cotidianidad de sus numerosos protagonistas, interpretados con gran autenticidad por una mezcla de actores profesionales y aldeanos del pueblo, cuya naturalidad refuerza la sensación de realismo.

El núcleo del relato reside en las tres hermanas de la familia protagonista, personajes clave a través de los cuales Maura Delpero aborda temas como la maternidad en aquella época, los roles sociales y el despertar del deseo.

Con una meticulosa atención a cada encuadre y expresión, logra adentrarse en la psicología de los personajes.

No tiene una trama memorable ni grandes giros argumentales, pero su poderosa ambientación y la autenticidad que desprende les hará sentirse parte de sus fríos paisajes. Una película sutil y repleta de capas: hipnótica.