Raimundo FITERO
DE REOJO

El precio injusto

El espectáculo de los aranceles o «Día de la liberación» que montaron en el jardín de la Casa Blanca para que el televisivo Donald Trump aportara a la demolición democrática de USA un capítulo inenarrable, fue hortera, cansino, aberrante, hecho por aficionados a la manipulación y de una bajísima calidad. Una versión desestructurada de aquel concurso llamado “El precio justo”, pero sin que nadie dijera con tono circense «a jugar», ni más premio que el miedo sin medida.

El efecto que ha producido este suceso virtual en el mundo real se asemeja mucho al aburrimiento narcisista. Revisar la ceremonia lleva a la incredulidad. Es imposible darle a tanta acumulación de delirantes apreciaciones sin fundamento alguno verisimilitud más allá de la confirmación de una deriva autárquica muy trasnochada. Cierto es que las reacciones no se han hecho esperar, que las declaraciones tímidas, retóricas o alarmantes forman una retahíla de posibilidades de enfrentarse a una injerencia unidireccional que lo único que parece buscar es el aislamiento dentro de un caos desorganizado, sin visos de remisión.

Las predicciones de especialistas, adjuntos a la cátedra de la desinformación o pretendientes de la revelación mágica no tienen más fiabilidad que la fe en el pronóstico autodefinido. Existe un estado de alerta previa a la acción que recuerda esos momentos en que nadie se atreve a dar el primer paso porque espera a ver que dice o hace el vecino. Lo evidente es que estamos ante el precio injusto que debemos pagar todos por el resultado de unas elecciones imperiales.