Natxo MATXIN
GASTEIZ
ALAVÉS

Falta mordiente ofensivo para sacar partido del enorme trabajo desplegado

La escuadra albiazul dispuso de algo más de media hora en superioridad numérica, pero no supo aprovecharla, errando en los metros finales de las ocasiones que fabricó. El duelo se decantó con un zurdazo de Camavinga pasada la media hora de juego.

Incansable como siempre, Kike García no tuvo la puntería de otras tardes.
Incansable como siempre, Kike García no tuvo la puntería de otras tardes. (Jaizki FONTANEDA | FOKU)

El Alavés continuará a un punto del descenso y le aguardan siete jornadas de infarto. Los de Coudet no pudieron sacar provecho ni del enorme trabajo desplegado, ni de haber contado con superioridad numérica durante más de media hora frente a un Real Madrid que, con el partido ante el Arsenal del próximo miércoles en el horizonte, tiró de individualidades para hacerse con los tres puntos.

A los anfitriones, que realizaron un gran despliegue físico, les penalizó que carecieron de la eficiencia ofensiva necesaria ante un rival de esas características. Dispusieron de llegadas y ocasiones claras, tuteando en muchas fases a los blancos, pero a la hora de la verdad no resultaron eficaces.

El duelo, accidentado con las expulsiones de Mbappé (m.38) y Manu Sánchez (m.70), se resolvió del lado merengue con un zurdazo de Camavinga desde la media luna en el minuto 34, después de que los visitantes movieran con rapidez el esférico para hilvanar esa jugada decisiva.

Desde el pitido inicial, se afanó la escuadra babazorra en apretar con una presión alta y morder en cada duelo, intentando atosigar la salida con balón blanca. Ello traía consigo un enorme desgaste físico -se hizo notar en el tramo final-, pero también que esa incomodidad rival le permitiese a los locales acercarse a los dominios de Courtois.

Apenas en el tercer minuto de juego, Abqar ya había intentado un remate forzado y Kike García, incansable como siempre, probó con un tiro roscado excesivamente centrado en el 14. Ante la poca fluidez en la circulación de balón, el Real Madrid probó con desplazamientos largos y en uno de esos envíos a punto estuvo de sacar tajada Güler, que no conectó bien y reclamó penalti en un toque mínimo de Owono en su salida.

Los equipos con importante talonario no necesitan de mucho para hacer daño y en el 19 solo el VAR impidió que el 0-1 subiese al marcador, al apreciar un desplazamiento de Rüdiger al portero local en su intento de salida para despejar el corner botado por los visitantes. Fue un aviso, al que respondió Kike García (m.27) con un remate arriba dentro del área merengue, preludio del gol madrileño obra de Camavinga que sería decisivo.

DOS EXPULSIONES

Cuatro minutos después llegó la jugada fea del partido. A Mbappé se le cruzaron los cables y entró con los tacos por delante a la tibia de Blanco, al que pudo hacerle mucho daño. De la amarilla inicial, el VAR llamó a consultas al trencilla para que le mostrase una más que merecida roja.

Con dicha expulsión parecía que las cosas podían equilibrarse y el Alavés lo justificó durante el primer cuarto de hora de la reanudación, poniendo cerco a la meta madrileña, pero se quedó en un intento con sucesivos centros y remates que no inquietaron lo más mínimo.

El cuadro albiazul lo intentó sobre todo a base de cabezazos -entró Toni Martínez como doble ariete-, pero ninguno de ellos tuvo la suficiente precisión como para obligar a Courtois a emplearse a fondo. Mientras tanto, el técnico merengue renovó a su delantera y la decisión le dio los frutos que buscaba. Entraron Bellingham y Vinicius -el brasileño fue recibido con balón de playa incluido-, y el extremo acabó marcando diferencias.

Una arrancada suya, Manu Sánchez -último elemento defensivo- solo pudo frenarla en falta, que no la decretó en primera instancia Soto Grado, pero sí le corrigió el VAR. El lateral zurdo tuvo que coger el camino de vestuarios antes de tiempo (m.70) y ahí se acabaron las opciones alavesistas.

A la contra, el Real Madrid pudo hacer mucho daño, disponiendo de oportunidades para finiquitar el envite, desbaratadas por la defensa y Owono. El último tramo se convirtió en un carrusel de tarjetas amarillas ante los continuos parones por faltas.