Pello GUERRA

135 cardenales eligen bajo llave al señor del anillo del pescador

En la primera semana de mayo, 135 cardenales menores de 80 años encerrados bajo llave en la Capilla Sixtina decidirán quién es el sucesor del papa Francisco, quién será el nuevo portador del anillo del pescador, en una reunión repleta de rituales. Así es el proceso que acabará con la fumata blanca y el mítico «habemus papam».

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- (GARA | AFP)

Una historia de 2.000 años da para mucho y la Iglesia católica ha ido puliendo a lo largo de esos dos milenios un complejo ritual cargado de simbolismo para elegir a su líder, al heredero de San Pedro. Un total de 135 cardenales encerrados bajo llave elegirán a partir del 5 o 6 de mayo al nuevo portador del anillo del pescador.

En esa reunión, que tiene como escenario la Capilla Sixtina, participarán los purpurados menores de 80 años, que son quienes pueden participar en la elección, ya que otros 117 no pueden hacerlo por superar ese límite de edad.

Durante la elección, los cardenales están aislados en la residencia de Santa Marta, en el Vaticano, de donde solo salen para votar en la Capilla Sixtina.

«EXTRA OMNES»

El primer día tiene su propio ritual, ya que los purpurados participan en una misa en la basílica de San Pedro por la mañana y por la tarde, se reúnen en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico para dirigirse en procesión hacia la Capilla Sixtina. Una vez allí, prestan juramento con la mano sobre el Evangelio.

A continuación, el maestro de ceremonias dice en voz alta «Extra omnes» (Todos fuera) para que solo permanezcan en el lugar los cardenales.

Los electores reciben una papeleta en la que pone «Eligo in Summum Pontificem», con un espacio debajo en blanco para que escriban el nombre de su candidato a mano. A continuación, doblan la papeleta y por turnos, los cardenales se dirigen al altar con la papeleta bien visible en la mano. Tras jurar ante Dios que se ha decantado por el que considera el mejor candidato, el purpurado correspondiente la deposita en un plato y la desliza en la urna situada frente a los escrutadores, los responsables de las votaciones.

Tras recoger los votos, un escrutador agita la urna y pasa las papeletas a otro recipiente para después realizar el recuento. Dos escrutadores anotan los nombres, mientras un tercero los lee en voz alta y perfora las papeletas con una aguja.

Si ningún cardenal obtiene dos tercios de los sufragios, se celebra otra votación. Salvo el primer día, se prevén dos votaciones por la mañana y otras dos por la tarde. Cada dos rondas, las papeletas recogidas en la votación se queman en una estufa. Si el humo que sale por la chimenea es negro, no se ha elegido papa. Pero si las papeletas se queman con un producto químico, se consigue que la fumata sea blanca para indicar que hay elección.

Cuando por fin un candidato consigue la mayoría necesaria, el decano del colegio cardenalicio le pregunta: «¿Aceptas tu elección canónica para sumo pontífice». Si responde afirmativamente, le dice: «¿Cómo quieres ser llamado?». Una vez que da un nombre, se convierte en papa.

A continuación, el cardenal protodiácono anuncia desde el balcón de San Pedro: «Habemus papam». Y el elegido imparte su bendición urbi et orbi.