Arnaitz GORRITI
BALONCESTO

Saski Baskonia tiene ante sí la tarea de hacer recuperar la ilusión

Solo el haberse metido en los play-offs de la Liga ACB ha salvado la campaña de Saski Baskonia del fracaso, siendo una decepción el primer año con Pablo Laso al frente. Queda un largo verano; en los despachos deberán buscar soluciones y no solo parches.

Sigan o no en Gasteiz, Forrest y Samanic serán protagonistas este verano.
Sigan o no en Gasteiz, Forrest y Samanic serán protagonistas este verano. (Raúl BOGAJO | FOKU)

Todavía la competición está viva -las semifinales de la Liga ACB arrancan hoy a partir de las 21.15- y el eco de los 12.154 espectadores reunidos en el Buesa Arena el pasado viernes día 6 aún resuena -como ese «tiroteo» posterior al partido cuando el público decidió reventar los aplaudidores repartidos por el club a la entrada del pabellón- todavía resuena. No es fácil pensar en la temporada 2024/25 de Saski Baskonia porque suena a ponerse a hablar sobre herencias antes de despedir al cortejo fúnebre.

Habrá que ver qué opina el club -el desayuno informativo para valorar el curso ha de caer esta semana o la que viene- y cuáles serán sus planes, pero lo cierto es que los números indican que el curso baloncestístico 2024/25 de Saski Baskonia ha sido malo y que, por ende, el primer año con Pablo Laso en el banquillo ha sido decepcionante.

Decepcionante, porque llamarlo ‘fracaso’ sin escuchar qué tiene que decir Saski Baskonia sería injusto. El cuadro alavés ha disputado 70 partidos y ha ganado 33, 14 en la Euroliga y 19 en la Liga ACB. De sus 33 triunfos, 10 han sido fuera de casa; 2 en Euroliga y 8 en la Liga ACB.

Por cuarta vez en los seis últimos años, Saski Baskonia no ha estado presente en la Copa; la décima plaza europea, el último lugar del play-in, ha quedado a cuatro victorias, mientras que haber llegado a la octava plaza de la Liga ACB, algo que los gasteiztarras conseguían en la penúltima jornada, después de 32 jornadas fuera del Top 8, para plantarse en los play-offs con un cruce suicida con el Real Madrid contra el que el equipo de Pablo Laso ha competido, pero que han condenado sus propios errores. El último triunfo baskonista en play-offs fue con Neven Spahija en el banquillo, en la temporada 2021/22, nada menos.

SE ACABÓ

Los peores temores del pasado verano han terminado por cumplirse. Es decir, ante una perspectiva de 70 partidos, que serán no menos de 72 el año que viene al estirarse la Euroliga a 20 equipos, el club ha vuelto a quedarse corto de efectivos.

A la hora de la verdad, el núcleo del equipo se ha quedado en Forrest, Howard, Luwawu-Cabarrot, Rogkavopoulos, Sedekerskis, Moneke, Diop, Hall, más Samanic. Esto es, una rotación de ocho o nueve jugadores, diez en caso de sumar a un Baldwin que lograba en noviembre su pasaporte comunitario y en febrero se lesionaba con la selección de Georgia, sin olvidar que Luka Samanic llegó con los regalos de Olentzero.

Ante la perspectiva de una temporada 2025/26 aún más recargada, Saski Baskonia precisa una rotación útil de 12 jugadores, sobre todo para aquellas semanas con doble jornada europea.

Pablo Laso no ha salido bien parado. «Me jode tener que irme tan pronto de vacaciones», dijo el viernes tras caer ante el Real Madrid. El equipo ha demostrado tener talento, pero no continuidad. Empezando por un Forrest que ha ido mejorando su ritmo de juego y sus prestaciones, pero no ha terminado de mezclar con Markus Howard. Así pues, ¿seguirán los dos extracomunitarios o solo uno?

Si Luwawu-Cabarrot y Samanic siguen, el nuevo plantel del Baskonia precisa darle aire a un juego infartado y lento. Algo urgente para devolver la ilusión.



La coraza de Indiana, a prueba

«Contra Indiana no basta dar el primer golpe, tienes que lanzarlos toda la noche», declaraba Shai Gilgeous-Alexander después de meterle 34 puntos a Indiana Pacers en el segundo partido de las Finales de la NBA, una ronda empatada a un triunfo después de que Oklahoma se impusiera por 123-107 en el segundo duelo.

Pero claro, Indiana ya dio el zarpazo en el primer encuentro, aquel 110-111 en el que solo estuvo por delante en 0,3 segundos, suficiente para romper el factor cancha.

Ir de tapado y ser casi ninguneado le ha venido de maravilla al equipo de Rick Carlisle a la hora de romper los pronósticos en esta postemporada, pero ahora tiene que enfrentarse con una paradoja: jugar dos partidos en casa, un Gainbridge Fieldhouse que siempre ha respondido en cuanto al ambiente, pero sin que ello le reste un ápice de favoritismo a Oklahoma.

«Regresamos a casa con empate. Nos encanta jugar ante nuestros aficionados y debemos vivirlo día a día», recordaba Tyrese Haliburton, icono de un Indiana acorazado, que pone su escudo a prueba. A. G.