Dinosaurios en piloto automático

Hay que reivindicar el cine de aventuras como el de antes, esos blockbusters veraniegos que veíamos con el único propósito de desconectar y comer palomitas. “Jurassic World: El Renacer” encaja en esa categoría: cine de espectáculo puro y duro, que se disfruta y entretiene… siempre y cuando uno no tenga la osadía de pedirle más.
“Jurassic World: El Renacer” no está aquí para innovar ni para contarnos nada nuevo. Su misión es clara: entretener sin hacerse demasiadas preguntas. Y lo hace sin disimulo. Esto es evasión en su forma más básica, cine para apagar el pensamiento y dejarse llevar.
Ahora bien, en cuanto uno se pone a rascar un poco y analizarla desde un enfoque más cinematográfico -cosa que estoy intentado hacer- la cosa cambia. Sí, puede que sea la mejor entrega de las cuatro “Jurassic World”, pero seamos honestos: eso tampoco es decir gran cosa.
El guion no es precisamente su punto fuerte. Todo parece hecho con la plantilla de las entregas anteriores y absolutamente todo lo que sucede es tremendamente predecible: quién y cómo va a morir, cuándo aparecerán los dinosaurios, en qué momento meterán los chistes (que, dicho sea de paso, no hacen gracia) para aligerar el tono...
Los personajes se mueven dentro de arquetipos ya conocidos y tienen la sorprendente habilidad de estar presentes sin aportar nada; planos y básicos.
La película es bastante floja, no se puede negar. Sin embargo, hay algo que sí le agradezco a Gareth Edwards: durante más de dos horas, ha logrado hacerme sentir como aquel niño que, con los ojos llenos de asombro, se perdía en las aventuras de este tipo de cine.
¿Es eso suficiente para aprobar la película? Por desgracia, no lo es.

Expectación tras hallarse un planeta similar en tamaño y órbita a la Tierra

Pradales rubricó el PGOU por el que se imputa a la exalcaldesa de Zaldibar

La adicción a la pregabalina no para de crecer en los márgenes

Cuatro grandes sombras oscurecen aún más la inoculación de vacunas caducadas
