Josu MONTERO
Escritor y crítico literario

El tiempo recobrado

Muertos los seres queridos que la habitaron, es preciso deshacer la casa. Dedicar un verano a la vida guardada en los objetos. Sacar de los cajones papeles, cartas, documentos, cuadernos y carpetas llenos de poemas, dibujos, partituras; descolgar la ropa de los viejos armarios; sacar a la luz y al tiempo cachivaches, cacharros, los mil minúsculos objetos de un cotidiano antaño, arqueológicos vestigios de una antigua civilización. Intentamos apartar el furor nostálgico para dejar que todo aquello nos devuelva una imagen completa y perdida de las personas amadas, e incluso de nosotros mismos. Dejarse arrastrar por las historias, fracasar cuando intentamos poner orden, iluminar las palabras de las misas de la infancia: “Haced esto en memoria mía”. Un verano en que no viajamos por el espacio, sino en el tiempo, un tiempo que resulta ser un presente continuo, la “duración” de Handke, la magdalena mojada en el té como puerta al tiempo recobrado, el aleph. A quienes vivimos aquellos veranos descomedidos nos resulta más inconcebible que penoso recordar el espesor que entonces tenía el tiempo; pero, inesperadamente, voilá!, aquí está, aquí ha estado en todo momento, aunque lo hayamos ignorado en nuestra cotidiana torpeza.