Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
EXPEDIENTE WARREN: EL ÚLTIMO RITO

Cómo estirar un susto hasta los 135 minutos

Vera Farmiga y Patrick Wilson se despiden de sus roles de investigadores paranormales Ed y Lorraine Warren. “El último rito” es la novena entrega de una saga que, con honestidad, ya daba signos de agotamiento hace varias películas.

La trama se sitúa en 1986, cinco años después de “Obligado por el demonio”. Tras un ataque al corazón, Ed se ha visto obligado a dejar la acción y junto a Lorraine dedica su tiempo a dar conferencias en universidades, porque al parecer los espíritus malignos también respetan los años sabáticos.

Pero, fiel a la receta de la franquicia, un nuevo y “escalofriante” caso surge justo cuando más lo necesitan, empujándolos de nuevo al eterno desfile de posesiones y exorcismos de manual. El problema no es que los Warren regresen, sino que la película también vuelve a los mismos trucos gastados de siempre.

Chaves parece convencido de que el terror se mide en decibelios: más ruido, más miedo. El resultado son sustos estridentes, apariciones tan repentinas como previsibles y un catálogo de trucos que ya no asustan a nadie.

Lo que debería ser un epílogo digno se transforma en un maratón de paciencia: 135 minutos de diálogos erráticos, ritmo estirado hasta la extenuación y un clímax que se desinfla totalmente.

La película pretende ser nostálgica, conmovedora y aterradora al mismo tiempo; un triple salto mortal que, como era de esperar, aterriza en un incómodo limbo entre el homenaje solemne y el susto de feria. En su intento de emocionar, acaba atrapada en su propia grandilocuencia, recordándonos que los Warren merecían un cierre más digno… y el público, desde luego, también.