Josu MONTERO
Escritor

Casi

Dónde estaba toda la gente del verano, en qué páramos, en qué cuarteles, cabizbajos en qué oficinas, bajo qué yugos?”, se preguntó el gran Juan García Hortelano en una bella y perfecta frase interrogativa.

De la duración ilimitada de los días nos hemos rendido a la precipitación efímera del calendario, que el recién llegado otoño consagra con esos pasitos suyos manchados de sucia nostalgia. Somos el hazmerreir del señor Tiempo, que nos toma siempre por el pitunsereno.

Y es que además viene de la mano de ese primo hiperactivo suyo de zumosol que es el capitalismo; ya dijo alguien que es hogaño más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, de este capitalismo internauta que nos ha transformado en perfectos zombis a los que rentabilizar a tiempo completo, pura mercancía que se devora a sí misma. Este capitalismo algorítmico que crea adultos infantilizados carne de ansiolíticos y antidepresivos, de desalmadas almas y ruidosas soledades; o bien con el desasosiego, la ira, la violencia a flor de piel.

Y también fascismo rampante, que aceptamos porque con nuestro beneplácito han maniatado nuestra conciencia crítica y nuestra rebeldía hasta el extremo casi del encefalograma plano.