«Black Rabbit»
Decía John Cassavetes que el cine es «una investigación sobre nuestras vidas, sobre lo que somos, sobre nuestras responsabilidades, sobre lo que estamos buscando». Esta es quizá la máxima que pocos cineastas siguen, quizá debido a la falta de interés por la exploración y el conocimiento, o porque necesitan sobrevivir en un ecosistema en el que predomina la churrería industrial. Así que, de vez en cuando, que entre las propuestas comerciales asome un rayo de luz de inteligencia y elocuencia, es de agradecer.
‘‘Black Rabbit’’ es una de esas series que, en lo formal, supera todas las expectativas que se pueden tener en torno a las series de televisión. Pocas veces se ve la ciudad de Nueva York tan implacablemente bella en el audiovisual. A través de un tono sombrío y una iluminación al servicio de la historia, su relato bucea en los éxitos y fracasos de la clase trabajadora neoyorquina a través del ascenso y la caída de dos hermanos que interpretan Jason Bateman y Jude Law. Ambos mantienen ese tipo de relaciones adictivas en las que, por amor o responsabilidad adquirida, todos nos vemos envueltos en algún momento de nuestras vidas sin entender el porqué. Hasta aquí, todo bien. El problema reside en la trama, repleta de giros de guion forzados y que no dejan que fluyan las identidades de sus personajes y sus relaciones, alejando la narrativa de la búsqueda que pide el relato. Celebro el intento.

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