De puertas adentro
Ni todos los entornos familiares son tóxicos, ni todos los entornos familiares son idílicos, sea cual sea nuestro modo de definir eso que conocemos como familia. Creo que los modos de entender «la familia» tienen un componente tóxico muy elevado; sin embargo, también opino que las relaciones entre seres humanos jamás llegarán a ser perfectas. El peligro puede estar puertas adentro, en un ámbito que debe velar por la seguridad de los menores y su bienestar.
Esta semana han violado en Madrid a una niña de ocho años, han sido su padre y dos amigos de este, en su casa, donde debería sentirse segura. No es novedad, aunque sí lo es el interponer la denuncia, muchas veces estos abusos no se destapan, se ocultan. El estudio “Respuesta judicial a la violencia sexual que sufren los niños y las niñas”, elaborado por el Ministerio español de Igualdad, reveló en 2020 que el 98% de los agresores son hombres y que el 74,73% de ellos forman parte del ámbito familiar o del entorno de la víctima. En un 64,11% de los casos, los abusos se repiten en más de una ocasión y suceden con mayor frecuencia en el domicilio de la víctima (33,54%), seguido por el del agresor (31,47%). El 72,08% de las víctimas son niñas, cifra que va en aumento cuando se acercan a la mayoría de edad.
La conquista de ese ámbito privado podría ser una de las claves de los nuevos feminismos, pero con la familia hemos topado.

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