Ramón SOLA
BILBO
CONFERENCIA INTERNACIONAL EN BILBO

Sare levanta puentes de futuro con las piedras de los muros del pasado

Una hija de preso vasco (Olatz Iglesias) y otra de víctima de ETA (Maria Jauregi); el ejemplo irlandés (Michael Culbert) y el sudafricano (Roelf Meyer); el conocimiento ‘técnico’ en derechos humanos de Paco Etxeberria y Carlos Martín Beristain. Son todas las piezas ensambladas ayer por Sare para ir completando el puzle de la resolución, para cambiar «muros por puentes».

Etxeberria, Beristain, Jauregi, Azkarraga, Culbert, Atxa, Iglesias e Iturri, en un momento de la sesión.
Etxeberria, Beristain, Jauregi, Azkarraga, Culbert, Atxa, Iglesias e Iturri, en un momento de la sesión. (Jaizki FONTANEDA | FOKU)

Sare celebró ayer en Bilbo su segunda conferencia, protagonizada por voces del panorama vasco e internacional con mucho que aportar para seguir desatando los nudos dejados por el conflicto armado. El manifiesto que puso fin a la jornada lleva la firma de Joseba Azkarraga, coportavoz de Sare, y Maria Jauregi, hija de Juan María Jauregi, víctima de ETA &esc;[puede leerse íntegro en la página 4]. Juntos llaman a crear «una voluntad compartida de avanzar, de construir puentes donde hubo muros, de soltar donde hubo nudos, de reconocer al otro sin dejar de ser uno mismo».

Víctimas y presos, presos y víctimas, emergen en el texto como los dos grandes problemas a resolver. Sobre las víctimas, Jauregi y Azkarraga subrayan que «su dolor merece respeto y reconocimiento sin ambigüedades», que todas deben ser reconocidas por igual («sin categorías») y que su recuerdo «no puede convertirse, desde en rencor y el ánimo de revancha, en obstáculo para la convivencia».

Para las personas presas, por su parte, reclaman de nuevo la aplicación de la legislación ordinaria: «La cárcel no debe ser un lugar donde se prolonga el sufrimiento, sino un espacio donde se abren caminos para la reparación y el regreso a la vida en libertad, con responsabilidad. Apostar por la reintegración de quienes cumplen condena tras más de 15 años de la desaparición efectiva de ETA es apostar por una sociedad más humana y más cohesionada».

Representantes de partidos, sindicatos, colectivos sociales, familiares de presos y alguna víctima de ETA asistieron a estas tres horas de intervenciones en el Palacio Euskalduna, tras la primera edición hace un año en Donostia.

PRESOS, TORTURADOS Y VÍCTIMAS

. La mesa redonda central de la jornada reunió a Iglesias, Etxeberria y Beristain. Y estuvo precedida por la proyección de la impactante intervención en el Parlamento navarro hace unos años de Ana Fernández, hermana de Sara, víctima mortal de la dispersión: «Mi hermana voló sobre políticas de odio para una visita de 40 minutos a un amigo, no llegó a su destino, ya estaba condenada, cayó sobre ella una sentencia sin juicio».

Lanzado así el debate, Olatz Iglesias, hija del preso Juan Carlos Iglesias, puso en duda que se pueda hablar de «paz» cuando hay personas en prisión contra la propia legalidad, así como víctimas sin reconocer. Alertó de la percepción que se va generalizando de «normalidad» en torno a la situación carcelaria cuando «la Audiencia Nacional está recurriendo terceros grados». En el lado positivo, saludó que ve un creciente rechazo a los discursos políticos «teledirigidos» y un deseo creciente («hambre») de debates más constructivos y de más calado.

Coincidió con ello el forense Paco Etxeberria. Dejó sentado de entrada que iría más allá de la parte técnica desde una premisa: «En la vida uno no puede ser neutral cuando se trata de derechos humanos, lo que tiene que ser es imparcial». A partir de ahí, cargó contra el modo en que la mayoría de los medios ampararon la tortura, reclamándoles una reflexión autocrítica. Y sobre la inacción judicial: «Hay casos del pasado que quieres investigar y en los que no queda nada, solo el testimonio del afectado. Que en tiempos de Franco no se torturara a nadie, por ejemplo, eso es una broma insoportable».

«Nunca ajustaremos con exactitud las cifras de torturados ni las circunstancias», asumió lacónicamente Etxeberria. Los casos certificados por los estudios oficiales van ya acercándose a 6.000, pero el forense estima que en realidad «podrían ser el doble, porque a muchos los conocemos y sabemos que no se acercan porque quieren olvidar». Y entre los que sí refieren lo padecido, «es más lo que se disimula, como en las víctimas de violencia machista. Se simplifica el relato, no te cuentan con detalle».

Experto en resolución de conflictos, Carlos Martín Beristain recordó que si bien en Euskal Herria no ha habido «acuerdo de paz», él mismo participó en una experiencia (Glencree) en que «personas de los dos extremos se pusieron de acuerdo. Ha habido experiencias muy positivas que al final se han diluido porque se han metido en una batidor -lamenta, crítico con la tergiversación política igual que sus compañeros de mesa-. Necesitamos una propuesta incluyente, víctimas de las mismas vulneraciones necesitan el mismo reconocimiento».

CULBERT Y MEYER

Dos invitados también de lujo desde los dos procesos más referenciales para el vasco. El irlandés Michael Culbert y el sudafricano Roelf Meyer vinieron a coincidir en que todo proceso tiene altibajos, en que hacen falta proactividad y paciencia, y en que la resolución en Euskal Herria está incompleta.

Algunas de las cosas que narró Culbert reflejan el deshielo al que se ha llegado en su país, pero también la implicación que conlleva. Estuvo preso 16 años y ahora trabaja en Coiste junto a otros exrepresaliados. «Desde el inicio dimos charlas en colegios y universidades porque era esencial explicarles a los jóvenes que este proceso era bueno. Seguimos en ello, el martes tengo que ir a una reunión de un grupo que está a 80 millas de mi casa, donde hay gente que fui víctima de una bomba del IRA; habrá un hombre que ha apoyado el proceso de paz y explicará cómo allí murió su mujer, y yo explicaré por qué pusimos esa bomba», ha detallado.

Culbert apuntó que el punto de inflexión fue previo, y político: «Con la promesa del referéndum sobre la reunificación de Irlanda las cosas cambiaron. Ahora bien, esto fue en 1988 y a día de hoy el referéndum aún no se ha celebrado; esto yo lo defino como un gran fracaso. Lo positivo es que los partidos se han adherido a ese proceso, vivimos en un lugar seguro y hay una coexistencia pacífica. Yo estoy muy contento de que mis nietos no hayan vivido aquello».

Le tomó el relevo Roelf Meyer, por videoconferencia. Fue ministro con Mandela y antes con De Klerk. También combatió la idealización del proceso sudafricano. Para empezar, al inicio «hubo errores, tuvimos que ir reparándolo». Y a día de hoy, «un fracaso: no se han logrado satisfacer todas las expectativas entre la población negra, la transición socioeconómica sigue incompleta».



Declaraciones

«Se ha permitido instalar una jerarquía del dolor y el sufrimiento, y esa una irresponsabilidad histórica»

OLATZ IGLESIAS

Hija de preso vasco

«No veo división hoy por esto, no la veo en mis estudiantes de Medicina, solo en los políticos»

PACO ETXEBERRIA

Forense

«Las heridas se curan con respeto y la base del respeto es el reconocimiento, es una necesidad universal»

CARLOS MARTÍN BERISTAIN

Experto en resolución

«En las escuelas no les decimos ‘esto estuvo mal’ sino ‘esto ocurrió y estas fueron las consecuencias’»

MICHAEL CULBERT

Coiste (Irlanda)



Meyer: «Nunca es tarde pero hace falta diálogo»

Lo habitual suele ser que los representantes de otros países invitados a reflexionar sobre el proceso vasco no quieran valorarlo por no interferir, pero tanto Culbert como Meyer cogieron el guante. Y sobre el todo el sudafricano.

En su proceso ve una ventaja respecto a Euskal Herria, tanto por el magnífico liderazgo de Nelson Mandela como porque «en el País Vasco no ha habido un acuerdo de paz y en consecuencia tampoco de reconciliación».

«Nosotros fuimos afortunados porque hubo un acuerdo que cuajó en una Constitución y eso supone que primero pudimos mirar al futuro y luego decir ‘¿qué falló en el pasado?’ Y ahí llegaron la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, la Justicia Transicional… Que perpetradores y víctimas hablaran cara a cara fue necesario y fue una experiencia muy emocional».

Dicho esto, se ‘mojó’ sobre el proceso vasco e incluso ofreció su aportación a nivel de ideas («hasta podría llevar allí a mis antiguos enemigos», dejó caer). Para Meyer, «las frustraciones que podéis tener hoy deben ser abordadas, nunca es demasiado tarde. Pero no se puede solucionar un conflicto sin un proceso de diálogo entre las partes», remarcó el exministro.

¿Y cómo ve el proceso vasco Michael Culbert desde Irlanda? «Aquí tenéis una vía abierta y adecuada. Sé que tenéis problemas, pero tampoco penséis que en Irlanda se ha conseguido todo; los jóvenes que han estado en la cárcel tienen problemas para un empleo o adoptar niños o contratar un seguro de coche, hay países a los que no pueden viajar… Por eso existe Coiste, para apoyar».

«Cuidad a las personas y seguid -fue su consejo-. Yo veo que váis bien, no sé el ritmo es lento o no, hacen falta buena voluntad y decencia». GARA ha entrevistado al exprisionero del IRA aprovechando esta visita y lo publicará en próximos días.