KOMA
Prestige
Una de las mayores catástrofes ecológicas de Europa, la marea negra que hace once años provocó el naufragio del petrolero Prestige, se ha saldado con la condena a nueve meses de cárcel al capitán por un delito de desobediencia. Para el tribunal no hay delito medioambiental, y nadie pagará por el desastre.
Si aquella marea de chapapote no era más que «hilillos de plastilina», la sentencia supone un torrente de impunidad.

Opinion
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Euskal Herria
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