«La leyenda del samurai» occidentaliza a los 47 Ronin
Universal se enfrenta a unas más que posibles pérdidas millonarias, ante la dificultad para recuperar un presupuesto que se le fue de las manos a causa de un rodaje alargado en exceso. El debutante Carl Erik Rinsch perdió además la capacidad de decisión sobre el montaje.

Las malas decisiones de sus ejecutivos están arrastrando a los estudios Universal a uno de los peores períodos de su historia. A la más que previsible ruina en taquilla de la adaptación del cómic fantástico «R.I.P.D.», se le puede sumar la de «La leyenda del samurai», estrenada en Japón con pésimos resultados.
Los problemas ya empezaron durante el rodaje, alargado en exceso. Al debutante Carl Erik Rinsch se le dió la letal responsabilidad de gestionar un presupuesto inicial de 175 millones de dólares, y a las primeras de cambio los productores le despojaron de cualquier capacidad de decisión sobre el montaje final. Ni se sabe quién dirigió las muchas secuencias adicionales con mayor protagonismo de Keanu Reeves en las escenas bélicas y la historia de amor, pero se rumorea que fue necesaria una inversión extra que haría un total de hasta 225 irrecuperables millones.
Keanu y 47 Ronin
Un proyecto tan arriesgado como la adaptación por parte de Hollywood de una leyenda tradicional japonesa obedece a una estrategia enfocada a la conquista del mercado asiático, y de ahí que la mayoría del reparto la integren los intérpretes japoneses más internacionales. Se ha intentado encajar la presencia estelar de Keanu Reeves con calzador, inventándose en el guión la existencia de un mercenario mestizo al que piden ayuda los 47 Ronin tradicionales. No acaban ahí los cambios, porque se han añadido elementos fantásticos ajenos al género chambara.
Nada que ver con el realismo histórico de las versiones locales, todas ellas rigurosamente ambientadas a comienzos del siglo XVIII, poniendo el acento en la corrupción del shogunato y la utilización del código de honor o bushido de los samurais y de la práctica del ritual del seppuku o hara-kiri. Las más apreciadas son las dirigidas por los maestros Kenji Mozoguchi e Hiroshi Inagaki, respectivamente en 1941 y 1962, evidentemente más fieles al relato original y con un desarrollo narrativo mucho más extenso y profundo.

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