Mikel INSAUSTI
Zinema kritikaria
CRíTICA: «En la flor de la vida»

Cuando padre e hijo envejecen juntos

La mayoría de películas sobre la vejez suelen abrir un abismo generacional entre los padres ancianos y sus hijos, a fin de expresar la soledad y aislamiento que sufren las personas mayores. La comedia «Le fleur de l'âge» hace justo lo contrario, en un intento de acercar a padres e hijos en el proceso de envejecimiento. La idea de envejecer juntos se suele aplicar a las parejas, como es el caso de la reciente «Amour» de Michael Haneke, pero el debutante Nick Quinn ha preferido reunir a un padre y a un hijo en la última etapa de sus vidas.

En nada se nota que Nick Quinn haya ejercido hasta ahora de documentalista, ni que proceda de la cultura anglosajona. Su ópera prima en la ficción se inscribe de lleno en la tradición de esa comedia entre costumbrista e intimista que tanto abunda en el mercado francófono. No trata de ser naturalista en absoluto, puesto que estrecha la diferencia de edad existente entre los dos protagonista para que parezca menor de la que realmente es. Actualmente Pierre Arditi tiene 69 años y Jean-Pierre Marielle 81, por lo que no podrían estar unidos por una relación paternofilial en el mundo real.

Pero su veteranía les permite establecer una complicidad muy familiar, luciéndose en lo que empieza siendo un duelo interpretativo para terminar resultando complementarios. Por igual razón al principio se diría que la mujer que contratan como cuidadora va a dividirles o enfrentarles, cuando en última instancia sirve de catalizador para superar diferencias y rencillas del pasado. De ahí que la actuación de Julie Ferrier se haga esencial de cara a completar el trío estelar de la divertida función.

Ella aporta vitalidad, así como un reverso más optimista para el humor negro y terminal de los dos hombres enfrentados a la muerte (padre) y a la jubilación (hijo). Les ayuda a ver que se tienen el uno al otro, y que deben estar juntos en una etapa decisiva para la que se necesitan más que nunca. Todo lo demás puede ser accesorio, si se aprende a convivir con alegría solidaria.