EFE -AFP MELBOURNE
Open de Australia

Wawrinka se lleva su primer grande ante un Nadal tocado

El suizo gana por primera vez al número uno del mundo, lesionado en la espalda, por 6-3, 6-2, 3-6 y 6-3.

Stanislas Wawrinka logró su primer título del Grand Slam en la final del Abierto de Australia al derrotar a Rafael Nadal, lesionado en la espalda, por 6-3, 6-2, 3-6 y 6-3, en dos horas y 21 minutos. El suizo de 28 años nunca había ganado un solo set frente a Nadal en sus 12 encuentros previos, pero ayer dominó desde el principio en la Rod Laver Arena, cuando el español luchaba para conquistar su decimocuarto título del Grand Slam.

Primero fue la llaga en la mano y luego una lesión en la espalda en el último partido. Demasiadas contrariedades para Nadal que, tras perder el partido, recibió el consuelo de Stan, antes de la entrega de trofeos. Nadal partía como favorito para ganar por segunda vez en Melbourne, pero todo se puso en su contra. Fue Sampras, precisamente, dos veces campeón del Abierto y al que el mallorquín pretendía igualar en número de títulos del Grand Slam, quien entregó el trofeo al ganador.

En el primer set a Nadal se le vio algo anclado en el fondo de la pista, sin la chispa que le ha hecho ganar 13 grandes, dejándose dominar por el suizo, que a los 14 minutos ya mandaba por 3-1, gracias a la primera rotura.

Wawrinka ganó el primer parcial en 37 minutos y rompió a continuación en el segundo anotando 11 puntos seguidos en un periodo que desató las alarmas. Tras el 2-1 el manacorí se fue al baño para recibir tratamiento del fisio Hugo Gravil.

Por un momento apareció el fantasma de la retirada. La última en una final del Grand Slam se produjo en 1990 cuando el sueco Stefan Edberg decidió abandonar ante el checo Ivan Lendl -perdía 4-6, 7-6 y 5-2 en la del Abierto de Australia-, victoria que valió al checo para revalidar el título. Pero Nadal aguantó. Wawrinka se molestó durante el receso médico y exigió que le informaran de la razón por la que su rival lo tomó, y salió con agresividad para ganar el segundo set. Tras perder el juego siguiente y quedar 3-1, Nadal se fue al final de la cancha y pareció estar al borde de las lágrimas. Fueron minutos de incertidumbre hasta que el zurdo de Manacor apareció en la central sin su camiseta, siendo abucheado por el público. Luego su cara y sus movimientos denotaban la lesión. Sacaba a 125 kilómetros por hora, cometía dobles faltas, estaba tocado, sin poder ejecutar su saque.

Unos minutos después recibió masaje tumbado en la pista, y luego otro más. Sin apenas poderse mover, sin reacción, apenas podía oponer resistencia, mientras el suizo machacaba con su servicio. Era cuestión de que las pastillas contra el dolor hicieran efecto y pasasen los minutos. Nadal logró recuperarse, aunque solo por momentos. Su saque mejoró. Rescató un punto para set y retuvo su servicio, y se sentó con el rostro entre las manos en el cambio de cancha, antes de que Wawrinka saliera a servir en el set con una ventaja de 2-0.

En ese momento los asistentes comenzaron a apoyar a Nadal, alentándolo a que siguiera adelante. Tras un intercambio de roturas de servicio en el cuarto set, Wawrinka recuperó la compostura para romper el saque de Nadal y luego defender el servicio definitivo que ponía fin al partido, coronándole en un torneo en el que ha vencido a las dos mejores raquetas del mundo. En cuartos eliminó al tres veces campeón Novak Djokovic y al llevarse el título asciende del 8º puesto al 3º.

«No me veía lo suficientemente bueno para vencer a esos tíos»

Stanislas Wawrinka es el séptimo tenista que consigue derrotar al número uno y dos del mundo en un Grand Slam. Mats Wilander lo hizo en dos ocasiones: «Es un poco locura lo que ha sucedido porque no esperaba ganar un Grand Slam. Yo pensaba siempre que no era lo suficientemente bueno para vencer a esos tíos», dijo al referirse a los dos primeros.

«Para mí ha sido una gran sorpresa jugar tan bien. Vencer a Rafa, incluso estando lesionado. Ganar a Novak en cuartos, y a Berdych en semifinales...».

El suizo competirá en la eliminatoria de Copa Davis del próximo fin de semana contra Serbia, pero antes quiere celebrar su éxito. «No sé si acabaré vivo esta noche pero iré», señaló afirmando la posibilidad «de acabar la noche borracho».

Las sensaciones de Nadal, lógicamente, eran todo lo contrario. «En el peloteo sentí algo, mi espalda se quedó clavada. Ya está, ahora me siento triste, porque es una final de un grande y es esa clase de partidos por los que uno trabaja y disfruta y ha sido todo lo contrario. Es parte de mi vida, del deporte, y no es el fin del mundo», comentó el mallorquín.