La derrota más vivamente celebrada de la historia del basket: «La Copa de Gadou»
En febrero de 2003, un Tau Baskonia plagado de lesiones, temporeros y problemas de todo tipo llegaba casi de rebote a Valencia, a una edición copera destinada a caer rápidamente en el olvido. La victoria fue para el Barça, pero a Gasteiz se vendría la memoria de algo inolvidable.

De los 225 minutos posibles, había jugado solo 7 y 49 segundos. Lanzó una vez y erró. No agarró ningún rebote pese a sus 2,06 metros de estatura y acabó con una valoración de -2 con una recuperación de balón como única nota positiva. ¿Qué tuvo de especial Thierry Gadou?
Desde luego que en aquel partido ante Leche Río Breogán, nada de nada. De haber caído, los gasteiztarras se hubieran quedado fuera de la Copa, y fue otro francés, Laurent Foirest, que anotó 25 tantos al club gallego, por el que se conseguía, después de una tortuosa primera vuelta, acceder al torneo del KO. El Tau se clasificó octavo, empatado con Caja San Fernando, Lucentum Alicante y Fuenlabrada, apeados de la Copa por tener peor average general que el conjunto gasteiztarra. Pero fue Gadou, un jugador que dio sus mejores años al Pau Orthez, quien se llevó a su casa el cariño de la «no victoria» más celebrada de la historia baskonista.
En la temporada 2002/03 aquel proyecto de un Tau Cerámica Baskonia que partía con la vitola de campeón de todo en la temporada anterior, salió del revés. Nació torcido tras la marcha de Oberto y Tomasevic a Valencia, y todo empeoró tras la lesión de Elmer Bennett. Lo agravó la espantada de Pat Burke, el obligado corte de Raja Bell pese a los públicos elogios de Dusko Ivanovic, y el corte, pero sin elogios, del finés Hanno Mottola, que llegó como referente y se fue por la puerta de atrás después de nueve jornadas y un expediente por no entrenar alegando una lesión de tobillo. Para más inri, el pívot Rashad Griffith, antiguo verdugo baskonista en la inolvidable final de la Euroliga a cinco partidos ante la Kinder de Bolonia, empezaba, jalonado de lesiones, su vertiginoso declive físico. Solo por esa ausencia pudo Gadou compartir cancha -y gloria- con los Scola, Calderón, Foirest o Nocioni. El propio Bennett, que sustituiría a Allen, y Calderón, llegaron a la Copa sobre la bocina.
En aquella Copa de 2003 enfrentarse a Estudiantes en cuartos de final no era una tarea sencilla. Aunque solo sumara una victoria más que el Tau Baskonia, llegaba a la cita valenciana como cabeza de serie y había ganado a la escuadra de Gasteiz por 76-66 en la primera vuelta, gracias a los triples de Nikola Loncar y a la eficacia bajo los aros y en el rebote de, ¿lo adivinan?, Felipe Reyes.
Reyes, con 20 puntos y 14 rebotes, volvió a funcionar, igual que Brewer, pero los 24 puntos de Laurent Foirest y los 19 y 8 rebotes de Nocioni decantaron la eliminatoria. Aguantaron el primer arreón colegial, y tras llegar 35-33 al receso, lograron un parcial clave de 15-25 del tercer período. Gadou solo aportó dos puntos y tres rebotes.
El «base-pívot ladrón»
El 74-81 llevaba a los de Dusko Ivanovic a jugar en semifinales el «derbi azulejero» frente a Pamesa Valencia. Un Pamesa en el que destacaban los exbaskonistas Oberto y Tomasevic, amén de los Rodilla, Paraíso, Luengo o Bernard Hopkins, y que estaba llamado a jugar aquella final en su casa.
Pero los nervios, la ausencia por lesión de Sandro Abbio y los ¡ocho robos! de Gadou lo impidieron. El ala-pívot galo, en un partido horrendo y tosco que acabaría con un marcador de 51-56, añadiría 9 puntos y 6 rebotes a su condición de ladrón. Lograba una valoración de 21, eclipsando los 17 puntos del escolta argentino Leandro Palladino o los 9 tantos y 11 rebotes de Scola. En la final esperaba un Barcelona inabordable -aquel año acabaría por conquistar la Copa, la Liga ACB y la Euroliga- con Jasikevicius, Bodiroga, Fucka, Navarro y Dueñas en sus filas.
En la finalísima, nueva prórroga, esta vez a 69, después de ir cayendo por 34-24 al descanso. Al final, derrota por 84-78, con Roberto Dueñas como MVP de la final por sus 18 puntos y 17 rebotes. Bennett fue el máximo anotador gasteiztarra con 18 tantos, pero Gadou fue el arma secreta de Ivanovic. Después de chocarse contra Dueñas como ante un muro, el francés jugó como unico pívot, y además subía el balón como un base. El «base-pívot» -también Scola- sacó al gigante madrileño de la zona y lo cargó de faltas, dando esperanza al Tau y estupor a los espectadores. No pudo ser, -Fucka y Jasikevicius también estaban al quite- pero quedó el imborrable recuerdo. ¡Qué gran Copa!

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