MIKEL INSAUSTI
CRíTICA: «Nebraska»

Viaje por carretera al corazón del Viejo Medio Oeste (1)

Existe la sensación de que después de los años 70 las películas de carretera se estancaron, debido al apogeo irrepetible que el género vivió en aquella su década dorada. A la revolución que supuso en 1969 «Easy Rider» de Dennis Hopper, la primera en mostrar el interior menos próspero de la gran potencia mundial estadounidense, le siguieron otros títulos de culto como «Carretera asfaltada en dos direcciones» de Monte Hellman, «Paper Moon» de Peter Bogdanovich, «Alicia en las ciudades» de Wim Wenders o «Aloha Bobby and Rose» de Floyd Mutrux. Todos los títulos fueron dirigidos por cineastas únicos, incluso algunos malditos, así que difícilmente podían tener continuidad.

Si hay que encontrar hoy en día un heredero legítimo de los forjadores del auténtico espíritu de la road movie, el único que se me ocurre es Alexander Payne. Estaba destinado a realizar esa gran película de carretera que es «Nebraska», hasta tal vez antes de hacer su particular aportación en clave de comedia al género viajero por excelencia con «Entre copas». Pero cuidado, porque «Nebraska» es mucho más, ya que pertenece a la narrativa de inspiración literaria de un Larry McMurty, lo que nos lleva otra vez a su adaptador Peter Bogdanovich en «The Last Picture Show», y a la elección estética de la fotografía en blanco y negro para reflejar el modo de vida rural o tradicional de las pequeñas comunidades surgidas durante la colonización.

Alexander Payne sigue una ruta que va desde Montana a su Nebraska natal, pasando por Dakota del Sur y Wyoming. Traza un recorrido vital por el Viejo Medio Oeste, en el que visita pequeñas y apartadas localidades, que han conservado su construcción de casas de una o dos alturas a ambos lados de una única calle central.

Son lugares en los que el tiempo parece haberse detenido, estando destinados a vivir de espaldas al progreso, más aún con la crisis actual. Sus habitantes se congregan en las tabernas locales, pues aparte de beber no les queda mucho que hacer como desertores forzosos del arado, que ya no encuentran su sitio en un mundo que ven por la televisión.