MIKEL INSAUSTI
Zinema kritikaria
CRíTICA: «El medallón perdido: Las aventuras de...»

Cuento heroico para niños y niñas de un orfanato

La literatura infantil ocupa, dentro del mundo del entretenimiento, un lugar de privilegio. El negocio no sólo está en las ventas de los libros, sino en los derechos para las adaptaciones a otros medios y la consiguiente línea de merchandising. Pero no todo lo que se publica acaba convirtiéndose en la consabida franquicia millonaria, y queda lugar también para las producciones modestas que desde siempre se conocieron como toleradas o para todos los públicos. Me imagino que Bill Muir se habrá cansado de esperar un buen contrato con un gran estudio, o que no le convencieron las ofertas que le llegaron; la cuestión es que al final ha preferido llevar personalmente a la pantalla sus propios libros, debutando en el cine con «El medallón perdido: Las aventuras de Billy Stone».

Es muy difícil saber el coste real de una película de estas características, pero lo que sí se conoce es la taquilla que hizo en los Estados Unidos, donde apenas recaudó medio millón de dólares. Una cantidad en teoría insuficiente para la deseada continuidad, aunque si el autor se sigue moviendo en los márgenes de la producción low cost todo es posible. El reparto está integrado en su mayor parte por menores de edad, y entre los adultos el único con cierto nombre es Marc Dacascos, que tuvo su momento en el cine de acción de los años 90, y que aquí se desdobla para mayor ahorro en actores.

Lo quiere así el guión, que establece paralelismos entre un remoto pasado de leyenda y el tiempo presente. Esa era mítica es recreada mediante la animación, pasando luego ya a la acción real, para que la pareja de héroes preadolescentes, chico y chica, se introduzcan en ella a través de un viaje en el tiempo hasta la misteriosa isla tailandesa.

El desarrollo argumental, ajustado a la actualidad por medio de unas excavaciones antropológicas, sigue el curso predecible de toda aventura en la que el heroísmo se identifica con la pureza de corazón. Algo más original resulta el punto de partida narrativo, en forma de cuento que un visitante improvisa para los niños y niñas de un orfanato. Tratará así de crear estímulos para la pareja a la que ve más marginada dentro del grupo.