Las tres hijas y sus tres padres
En la política, como en la vida, muchas veces las coincidencias y los simbolismos restablecen la verdad, rescatan el pasado, reivindican la memoria, hacen justicia (...). Es lo que acaba de ocurrir en Chile.
Primero, la hija de un militar torturado y muerto es reelegida como presidenta. Su frustrada adversaria es hija de otro militar, que comandaba la unidad donde su colega de armas y su amigo de toda la vida fue asesinado.
Segundo, terminada la elección democrática, en que la mandataria obtuvo el respaldo del 62 por ciento de los votantes, le toca recibir la banda presidencial en ceremonia solemne. Y la recibe de las manos de la presidenta del Senado, hija, a su vez, del hombre que soñó con llegar al socialismo por la vía pacífica y prefirió inmolarse antes de entregar el poder a los indignos.
Las hijas y sus padres tienen nombre: Michelle y Alberto Bachelet, Evelyn y Fernando Matthei, Isabel y Salvador Allende.
(...) Por primera vez en la historia chilena las presidencias de la Nación y del Senado son ocupadas por dos mujeres, las dos socialistas, las dos con un pasado trágico, víctimas de la más cruel y perversa dictadura que asoló a Chile.
Y más: de una dictadura de la que sobreviven pesados resquicios, tanto en la política como en la sociedad. El pinochetismo sobrevive a su abyecto creador y está esparcido por todos lados. (...)
Como una especie de rescate, una corrección de la historia, la suave, dulce venganza de la democracia. Así estuvieron presentes, en ese acto tan singular, Salvador y Alberto. Y todos los muertos y desaparecidos y todas las víctimas (...).
Falta mucho, por cierto. (...) Falta mucho, pero es mucho lo que se avanzó. Que la historia siga escribiéndose a sí misma de coincidencia en coincidencia, de simbolismos en simbolismos.

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