Andoni ARABAOLAZA
Alpinismo Seis días de actividad

La «Rolling Stones» de las Jorasses en libre y a vista por eslovenos

Casi a finales del invierno, entre los días 12 y 15 de marzo, los jóvenes eslovenos Luka Krajnc y Luka Lindic se llevaban la primera en libre de los 1.100 metros de la vía «Rolling Stones» de la cara norte de las Grandes Jorasses: M8, 6a. Además la firman a vista.

Al igual que en los Pirineos durante el pasado invierno, el tiempo y las buenas condiciones no se han «portado» nada bien en los Alpes. Peor a pesar de todo, justo cuanto estaba acabando la temporada invernal, salta la noticia de que la cordada eslovena formada por Luka Krajnc y Luka Lindic cerraba un círculo en la vía «Rolling Stones» (6a, A3, 80º, 1.100 m) de la cara norte de las Grandes Jorasses.

Y decimos que cerraban un capítulo de la historia de la ruta «checa», ya que firmaban la primera ascensión en libre: M8 y 6a. Y, por si eso fuera poco, la redondeaban escalando toda ella a vista.

La excelente actividad la realizaban entre los días 12 y 15 del pasado mes de marzo; en total, como adelantan los propios alpinistas, fueron seis días de coche a coche. Una actividad catalogada por Lindic como «¡una gran aventura, alpinismo en estado puro!».

En sí, ambos alpinistas tenían intención de escalar la «Desmaison-Gousseault», pero un par de cordadas ya se les habían adelantado. Así que, por qué no, apostaron por intentar la primera en libre de la «Rolling Stones»: «Soñe con esta vía durante estos últimos cinco años. Me dio la idea Silvo Karo cuando realizó la segunda repetición de la ruta. Ha sido una de mis mejores escaladas. M8 no es demasiado difícil, pero para nosotros fue importante, ya que no sabíamos si era posible liberar la vía».

En la siguiente crónica, Lindic cuenta los pormenores de la escalada a la «Rolling Stones».

Fuera de los caminos trillados

«Después de un invierno de tiempo inestable, comprobé la meteo y tenía muy buena pinta. Lláme a mi colega Luka Krajnc y pronto ambos íbamos camino de Chamonix. Nuestro plan era escalar la «Gousseault-Desmaison» en la norte de las Grandes Jorasses, pero recibimos información de que otras dos cordadas pensaban entrar en la ruta antes que nosotros. Y puesto que no somos especialmente amigos del «efecto manada», en el que varias cordadas se van siguiendo en la misma vía, decidimos cambiar nuestro objetivo e intentar «Rolling Stones», una ruta incluso más difícil, en la misma pared, y que todavía estaba esperando ser liberada.

El primer día hicimos la aproximación con esquís cargando grandes mochilas. Plantamos una pequeña tienda justo bajo la ruta y disfrutamos de las vistas del atardecer en la pared. Nuestro plan era claro: intentar en libre toda la ruta, aunque no sabíamos si esto era posible. Nos gusta la incertidumbre de este tipo de aventuras.

Comenzamos a escalar a la mañana siguiente. El segundo largo ya fue muy duro y vertical, e íbamos más lento de lo planeado. Después de escalar durante todo el día, tallamos una pequeña repisa en el hielo y nos preparamos para una incómoda noche. A la mañana siguiente no éramos muy optimistas, estábamos cansados y con las partes más duras todavía por llegar. Tras una travesía compleja, llegamos al terreno realmente vertical, y a partir de ahí nos comprometimos totalmente con la ruta. Escalamos largo duro tras largo duro y tuvimos la suerte de encontrar una repisa para el vivac.

Los rayos del sol de la mañana nos prepararon para luchar en la clave de la vía, justo por encima nuestro.

Después de dos largos verticales para calentar montamos la reunión bajo el largo clave, A3. Como no parecía demasiado desalentador, conseguí calmarme y fui a por él. La primera parte, recta, gozaba de buena protección. Tras un viejo y oxidado parabolt, la vía se empinaba. Por si fuera poco, había tres grandes bloques sueltos, algo que asustaba bastante ya que escalábamos con cuerda simple. Asustado y con cautela, escalé y rodeé los bloques, sin poner protecciones en unos cuantos metros. Podía oír los bloques haciendo ruidos extraños al moverse. Tras unos cuantos minutos escalando con extremo cuidado, llegué a la reunión... ¡lo había conseguido!

Las siguientes dos tiradas fueron menos comprometidas y difíciles, pero eso no quiere decir que fueran fáciles, ni mucho menos. Aunque sólo escalamos siete largos ese día, al montar nuestro tercer vivac una gran sonrisa aparecía en nuestras caras. Habíamos liberado la clave de la vía. La tarde fue serena y, como el resto de la ruta transcurría por terreno más «fácil», casi saboreábamos la victoria.

Por la mañana nos levantamos con viento fuerte. Un muro de nubes venía hacia nosotros desde el norte. En menos de una hora estábamos sacudidos por el viento del norte y la niebla. De forma muy rápida, tanto nosotros como la roca estábamos cubiertos de escarcha. Increíblemente estábamos de repente en una situación muy difícil. Sabíamos que si algo iba mal, y teníamos que parar, nos veríamos en un grave problema.

Justo antes del anochecer llegamos a cima, y descendimos 100 ó 200 metros por el lado sur, en donde el viento disminuía. No fuimos capaces de encontrar la ruta de descenso en medio de la niebla, así que montamos otro vivac. A la mañana siguiente despertamos con cielos azules y descendimos hasta Courmayeur. De coche a coche fueron seis días.

Una vez más fuimos capaces de escalar una gran ruta en nuestro estilo preferido: simple, con el material mínimo. Conseguimos una primera en libre, y conseguimos hacer a vista todos los largos. Calculamos que el largo más complejo es M8, con una aterradora sección que debe ser escalada sobre grandes bloques inestables. Al menos tres de los otros largos son M7, y unos cuantos M6.

Sin embargo, en este caso, y como siempre, los números no sirven para contar toda la historia.