MIKEL INSAUSTI
Zinema Kritikaria
CRíTICA: «Todos están muertos»

Los fantasmas de la movida musical de los 80

Estamos ante una típica ópera prima con sus virtudes y defectos, pero «Todos están muertos» tiene un algo especial que la hace una película diferente. La debutante Beatriz Sanchís consigue manejar elementos culturales reconocibles de una forma muy personal, no conformándose con reunir una serie de mitos de la historia musical reciente. Sabe aglutinarlos y dinamizarlos para que cobren vida propia dentro de un drama familiar que afecta a tres generaciones, estableciendo un constante y fluido diálogo entre el pasado y el presente.

La abuela es mejicana y canta rancheras, haciendo pensar en la madre de Olvido «Alaska» Gara. El personaje de la madre es una estrella de rock retirada, y Elena Anaya reconoce que para interpretarla se ha inspirado en Ana Curra de Parálisis Permanente, pues también tocaba los teclados y cantaba. El fantasma del hermano difunto remite asimismo a Eduardo Benavente de Parálisis Permanente, por haber muerto igualmente en un accidente de tráfico. Lo que cambia es el nombre del grupo que compartían, que se llama Groenlandia por la canción de Los Zombies del malogrado Bernardo Bonezzi. Y el hijo y nieto tiene un amigo que quiere ser músico, y que luce una imagen muy de los 90 a lo Kurt Cobain. Tantos guiños a la movida madrileña ochentera tienen su correspondiente recreación musical a cargo del grupo Akrobats, que se han inventado un viejo éxito con todos los tics de la época titulado «Corazón automático». Sin embargo, el tema que sirve de leit motiv y vertebra la narración es «De viaje», de Los Planetas.

«Todos están muertos» es una coproducción con México, debido a sus toques de realismo mágico, con la autenticidad que le confiere la presencia de actrices mejicanas de mucha presencia y fuerza expresiva, como Patricia Reyes Spindola o Angélica Aragón. La parte relativa al chamanismo y el día de los muertitos aporta ese aire de casa encantada al perfil interiorista de la película, justificado desde el punto de vista argumental por la agorafobia que padece la enclaustrada protagonista.