El lateral total
Si le preguntan a cualquier niño que juegue al fútbol cuál sería su posición ideal, dirá que llegar a ser un goleador, un centrocampista creativo, o incluso un portero, pero seguro que no responderá «convertirme en un defensa lateral». Pues eso es lo que quería Ruud Krol, el lateral total. Diestro en origen, pulió su zurda hasta hacerse con el carril del todopoderoso Ajax de los setenta, que deslumbró como selección holandesa en Alemania´74, una generación excepcional que prolongó su fútbol hasta Argentina´78, donde jugó como líbero. Sendos subcampeonatos amargos. «Tengo dos medallas de plata, pero las cambiaría por una sola de oro. Quedaremos para siempre como los que juegan bien pero no ganan nada». Un fuera de serie dentro de los terrenos de juego, pero también fuera. «El principal peligro para la carrera de Ruud no es ni el extremo derecho del Feyenoord ni René van de Kerkhof en el PSV, sino las chicas guapas en las discotecas y en los bares del casco antiguo de Ámsterdam», repetía con frecuencia Rinus Michels. Por fortuna, enderezó su vida social. «Seguía yendo al cine o a la discoteca por la noche de vez en cuando, pero el fútbol ocupaba mi mente en lo esencial», recordaba él mismo. Con 31 años y ganarlo todo con el Ajax, se fue a probar en el fútbol canadiense, del que prontó emigró al Nápoles, donde no ganó nada y se marchó justo cuando llegó Maradona al club partenopeo. Se retiró en el Cannes de la Segunda francesa. Desde la ciudad que alberga el festival del séptimo arte, resumió su carrera: «El fútbol no es un arte, pero sí es un arte jugar bien al fútbol». Como su `Naranja Mecánica'.

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