Roma envía a un cardenal para regularizar a las monjas de Bergara
Un cardenal visita el martes Donostia al objeto de resolver el conflicto generado con la extinta congregación de las Hermanas de San Juan y Santo Domingo, prohibida por un decreto vaticano, pero al que el obispo José Ignacio Munilla ha dado cobertura. El prelado busca que se promulge un estatuto ex profeso para este colectivo asentado en Bergara.

Un responsable de la Santa Sede visitará el martes la diócesis de Donostia con una misión muy concreta, según ha podido conocer GARA de fuentes de la Iglesia guipuzcoana. El cardenal, encargado de asuntos religiosos, acude con el objetivo de estudiar sobre el terreno el conflicto generado tras la decisión de Benedicto XVI de prohibir la congregación de las Hermanas de San Juan y Santo Domingo y buscar una solución.
El entonces papa decretó el 10 de enero de 2013 la supresión «con efecto inmediato y sin posibilidad de que sea reconstituida bajo ninguna otra forma, tanto en la diócesis de Córdoba como en ninguna otra diócesis» de esta asociación pública de fieles. Esa congregación se constituyó el 29 de junio de 2012 en tierras andaluzas al amparo del obispo Demetrio Fernández.
Posteriormente, gracias a las excelentes relaciones entre ambos prelados conservadores, José Ignacio Munilla acogió a las jóvenes, en su mayoría extranjeras, en el antiguo convento de las clarisas de Bergara. El obispo llegó incluso a organizar una celebración de bienvenida en la iglesia de San Pedro presentando a las nuevas inquilinas del convento de la Santísima Trinidad como «personas consagradas al servicio del pueblo».
En noviembre de 2012 llegó a la villa de Debagoiena una veintena de avanzadilla y para verano de 2013, cerca de dos centenares de mujeres ocupaban Monjazarrak. Utilizaban hábito y, en apariencia, los vecinos dieron por hecho que pertenecían a una congregación o a un instituto de vida consagrada. No era así, se trataba de una asociación pública de fieles que Roma obligó a disolver por «su grave lesión de la disciplina eclesiástica». El conflicto estaba servido y la posición de Munilla y su homólogo cordobés se volvió incómoda tras la orden del entonces todopoderoso secretario de Estado vaticano Tarcisio Bertone.
Las llegadas a Bergara eran unas «disidentes» de la Hermanas Contemplativas de San Juan, que habían enviado una queja a Roma contra el modo de gobierno del comisario pontificio Henri Brincard. El instituto, según transcendió, se encontraba intervenido por la Santa Sede desde 2009 debido a «fuertes disensiones internas que habían dividido a la comunidad en dos facciones». Fueron a Córdoba y posteriormente se desplazaron a Gipuzkoa por invitación de José Ignacio Munilla.
En febrero de 2013, el obispo permitió a las jóvenes, que no habían efectuado sus votos perpetuos, permanecer «de forma temporal» en el convento de Bergara mientras se resolvía definitivamente el asunto y mostró su intención de acompañar a las jóvenes «para ayudarles a discernir sus futuros pasos». Las mujeres habían dejado de vestir hábito «como signo de obediencia a la orden papal».
Propuesta de Munilla
El enviado de Roma estudiará sobre el terreno la propuesta del prelado donostiarra para dar cobertura a la congregación de entre 30 y 40 mujeres de distintas nacionalidades en torno a un estatuto ex profeso. Así, la nueva asociación religiosa se integraría en la estructura diocesana en contra del criterio de la mayoría de la Iglesia guipuzcoana.
Resulta curioso que Munilla trate de saltarse el decreto papal y lo haga a través de su intención de remodelar o refundar la congregación. «Es increíble que, a pesar de que el decreto vaticano de disolución era claro, el obispo maniobre para que estas supuestas monjas neoconservadoras se queden en Bergara y continúen con su proyecto», denuncian católicos consultados.
«Parece que Munilla tiene más autoridad que el papa», añaden las fuentes consultadas, que no ocultan su estupor por la actitud que el prelado está manteniendo en este asunto. No hay que olvidar que la primera crisis en el equipo episcopal llegó con la llegada de las Hermanas de San Juan y Santo Domingo a Bergara, que motivó la dimisión del entonces vicario general, Joseba González Zugadi, un hombre que se suponía de la máxima confianza de José Ignacio Munilla.
La villa se convierte en campo de pruebas de los Munilla
Bergara se está convirtiendo en campo de pruebas para los proyectos del obispo José Ignacio Munilla y de su hermano Esteban, párroco de Loiola y Martutene, delegado episcopal de Enseñanza, así como consiliario diocesano de Adoración Nocturna y Cursillos Cristiandad. El prelado instaló en el convento de Monjazarrak a la congregación disuelta porque cuenta en la villa con el apoyo de Ion Molina, el joven que atiende varias parroquias de la zona, en el que se apoya. Este cura, abogado de formación, trata de afianzar en el municipio la presencia de la orden, siguiendo las directrices de su pastor.
A su vez, Esteban Munilla abrió también en la localidad una casa, en la que residían unas jóvenes religiosas de una orden muy austera y ultraconservadora, de la Espiritualidad de Loyola. El descontento en la comunidad diocesana es manifiesto, ya que los gastos que genera el mantenimiento de las 30 a 40 integrantes de las Hermanas de San Juan y Santo Domingo lo pagan las arcas de la Iglesia guipuzcoana. A.G.

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