El reclamo a las instituciones y la crítica al crowdfunding cierran el congreso
La financiación ha sido y sigue siendo, según la «generación Kimuak», uno de los grandes quebraderos de cabeza de los que, hoy en día, intentan ser partícipes del cine vasco. Reclaman la implicación de las instituciones públicas, a la par que discrepan sobre la utilización de métodos de financiación como el crowdfunding.

El congreso «Cine vasco: Tres generaciones de cineastas», que se celebra dentro de los cursos de verano de la UPV, cerró ayer página tras tres días desgranando qué ha sido, es y debe ser el cine vasco. El punto de mira se centró ayer en la mesa redonda formada por algunos miembros de la denominada «generación Kimuak», programa que fomenta la creación de cortometrajes vascos. En la mesa estuvieron Jose Mari Goenaga, Pablo Malo, Koldo Almandoz, Asier Altuna, Borja Cobeaga e Isabel Herguera. Tras destacar la importancia de programas como Kimuak para impulsar las carreras de nuevos cineastas, los ponentes estuvieron de acuerdo en la necesidad de ampliar el espectro para ser capaces de llegar a las nuevas generaciones que, según aseguraron, «lo tienen más difícil». Almandoz, en este sentido, opinó que «los que estamos en esta mesa somos más o menos de la misma edad, y es interesante que se vaya sumando gente más joven», cosa que, para Herguera, no resulta fácil: «A la gente que está empezando ahora les puede costar mucho competir con nosotros, porque somos profesionales del corto, llevamos muchos años. La cuestión es qué pueden hacer los que empiezan ahora».
Cobeaga se refirió al año 2001 en que comenzó «la época de esplendor en el que los ayuntamientos daban ayudas y había festivales que premiaban los cortos con hasta 9.000 euros», y resaltó que «ahora es muy complicado vivir de los cortos, cuando antes era posible». En este sentido, Altuna destacó la «debilidad de la estructura de Euskal Herria», centrando la mirada en los entes públicos, los problemas de financiación y la manera precaria de trabajar lo que, en su opinión, «nos lleva a hacer cortos» en vez de largometrajes, aunque remarcó que Kimuak «ha servido para revalorizar el formato del cortometraje».
Trabajar «de gratis»
En ese punto del debate Malo se refirió al caso de un técnico de sonido que participó en un crowdfunding para rodar una película y, posteriormente, le llamaron de nuevo para trabajar «de gratis en otro corto», historia que derivó el debate a la manera de crear cine de las generaciones venideras. Almandoz opinó que hay «una especie de concurso para ver quién hace la película más barata», y remarcó que las nuevas tecnologías han propiciado «que se hagan más cortos que hace 25 años, pero no mejores». Herguera opinó que el cine «es un oficio por el que hay que pagar». En este aspecto, Goenaga destacó que «algo se ha apagado» y que, sobre todo en la producción de cortometrajes, ha proliferado la expresión «te pago luego»: «Eso nos pasó con nuestro último corto, y eso que llevamos 12 años en esto... no es normal. Muchas veces te emocionas porque recibes una ayuda y luego te das cuenta de que no llega ni al 30%» del presupuesto estimado, destacó, a la vez que aseguró que «muchas veces nos pillamos los dedos». Los ponentes concluyeron afirmando que el crowdfunding, aunque sea válido sacar proyectos adelante, puede derivar en que las instituciones no destinen más fondos a la cultura, cuando deberían ser ellas las primeras en impulsar la producción cinematográfica.

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