Gara GARDO
UDATE | IRUÑEKO SANFERMINAK

Por mucho que se empeñe en llover, San Fermín y el agua se llevan como el culo

La feria de Iruñea ha rebasado ya su ecuador, pero parece que no hay modo de que las nubes se aparten de una vez. Así no hay quien acierte qué ponerse, porque a los navarros ya no los salva ni la chaquetica que siempre llevan a la playa por si refresca. Aquí hace un frío de mil pares y el catarro está acabando con los sanfermineros más osados. Menos mal que enfila ya el fin de semana y llegarán los refuerzos de quienes maldicen no haberse cogido vacaciones.

Empieza a correr el rumor en Iruñea de que nos han conjurado un mal de ojo Maldonado y Montes de Oca. ¡Qué asco de lluvia, recopón! El catarro está cobrándose más víctimas que el pacharán y el garrafoneo. Algunos felicianos dirán que es mejor así, que así las calles están más limpias. Pues ni repajolera idea tienen. La lluvia empeora hasta eso en sanfermines. Con el agua, la meada portalera se cuela por la rendijica de debajo de las puertas y no hay quien aguante semejante hedor subiendo escaleras arriba.

Lo peor es que alcance el felpudo, donde se atrinchera la peste y ya no se quita el olor ni con zotal. No es que la vieja Iruñea se haya cansado de recibir visitantes, pero la mayoría de los «ongi etorris» están hoy en el contenedor. Es lo que se conoce como el felpudicidio sanferminero que, contrariamente a lo que pueda parecer, no es una técnica de acicalamiento genital, sino pura higiene.

Lo dicho, que mucha, mucha agua y eso a San Fermín le va fatal. Estas fiestas son más de fuego (aunque sea artificial o salga de un toro de cartón piedra), de tinto y, si se me apura, también de sangre y otros fluidos de gozoso compartir. Eso sí, con respeto, porque la kalejira contra las agresiones sexistas ha pasado, pero aún queda feria y hay que estar bien atento por si alguien necesita ayuda.

Dejando de lado las críticas y avisos, cierto es que, sin esa panda de señores de verde, que riega las calles con bien de agua y jabón, la mierda acabaría comiéndose literalmente la calle. Dice un estudio bastante serio que, de prender fuego a todos los palillos de los pintxos devorados durante las fiestas, se podría generar una hoguera suficiente como para asar a los seis bureles que se lidiaron ayer en la Monumental pamplonesa.

Plaza y homenaje en el poste

El acto más serio y sentido de cuantos se dieron ayer fue el homenaje al último fallecido en los encierros y que se concretó en el sencillo gesto de colocar un ramo de flores en el poste más cercano al lugar donde recibió la herida mortal el joven Daniel Jimeno, madrileño.

En cuanto a la feria propiamente dicha, había mucho torero de postín. El Juli abrió la puerta grande (oreja y oreja) y tampoco estuvo mal Talavante (oreja y cagadón con el estoque) que se llevó voltereta de manos de Cazadotes. El Finito se volvió para Córdoba fino, pero a pitos e insultos. Solo vino a cobrar.