En «Un toque de violencia» Jia Zhang-ke retrata los traumáticos cambios chinos
«Un toque de violencia» le valió a Jia Zhang-ke el premio al Mejor Guion en el Festival de Cannes. Son cuatro personajes que protagonizan sendas historias violentas, que reflejan los cambios traumáticos habidos en la China del capitalismo salvaje y la corrupción política. En los cuatro casos se trata de seres desplazados, perdidos en medio de un paisaje desolador, marcado por un panorama laboral de auténtica explotación. El miedo les hace reaccionar agresivamente.

Jia Zhang-ke pertenece a la generación china que empezó a hacer cine en los 90. Con «Pickpocket» (1997) ya mostró su predilección por Bresson y el naturalismo, exhibiendo sus dotes de atento observador de la realidad más imperceptible de su complejo e inmenso país. Dentro llevaba un documentalista, que ha ido saliendo en una trayectoria que va desde «In Public» (2001) a la reciente «Historias de Shangai» (2010). Por eso sus mayores logros se hallan en la perfecta combinación de documental y ficción, como en «Naturaleza muerta» (2006), con la que ganó el León de Oro en la Mostra de Venecia.
En aquella película reflejaba el impacto paisajístico y social de la construcción de la presa de las Tres Gargantas, que desplazó a los habitantes de la zona. Una tragedia humana y colectiva que sigue presente en «Un toque de violencia», con la que ha obtenido el premio al Mejor Guion en el Festival de Cannes.
Cuatro desplazados
Su nueva película se compone de cuatro episodios, unidos por unas transiciones muy naturales, que confieren un carácter unitario a la obra.
La presencia ocasional de los cuatro protagonistas, por separado, en los episodios ajenos, contribuye aún en mayor medida a lo intercambiable de las anécdotas que les toca vivir en primera persona. A los cuatro les une su condición de seres desplazados, que no encuentran su sitio en una China en proceso de transformación. Son víctimas propiciatorias de los traumáticos cambios impuestos por una economía mixta que encierra una implantación del capitalismo salvaje basada sobre todo en la explotación laboral y la corrupción política.
Detrás de sus respectivos estallidos de violencia incontrolada, se observan esos abusos por parte de empresarios locales o de hombres de negocios que no dudan en utilizar a las mujeres sexualmente, todo mediante la extorsión económica. Jia Zhang-ke no elude el inevitable baño de sangre, más propio del cine de acción.

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