La grada del Buesa Arena solo respira después del tercer cuarto
Hasta la lesión de Will Hanley, que apunta a que sufre un esguince de tobillo, Gipuzkoa Basket peleó y llegó al receso ganando 36-37. Cuando la defensa gasteiztarra apretó, se acabó lo que se daba.

LABORAL KUTXA BASKONIA 79
GIPUZKOA BASKET 62
¡No le queda trabajo ni nada a Ibon Navarro! ¡Anda que no tiene mala suerte Gipuzkoa Basket con la pequeñas lesiones! Al final, la ausencia de Dani Díez, y la abrumadora superioridad física de Laboral Kutxa Baskonia conforme pasaban los minutos, decantaba un derbi que estuvo en el alero hasta el descanso.
Los locales vieron el partido con la congoja de ver que los errores que han traído la caída de Marco Crespi se repetían una y otra vez, sobre todo en la primera mitad, y sobre todo en el primer cuarto. Una lesión totalmente fortuita de Will Hanley, que parece apuntar a un esguince de tobillo, al final resultaría clave en el devenir de un derbi que al menos tuvo emoción en esos primeros 20 minutos. Lo cierto es que entre Hanley y Doblas le hacían la vida imposible a la defensa baskonista en esos dos primeros asaltos, toda vez que todos los desajustes saltaban por los aires a poco que GBC movía el balón. Más aún, Laboral Kutxa Baskonia hizo falta de una alarmante falta de concentración, en especial de la mano de Heurtel, que se dejó arrebatar dos o tres balones de manera consecutiva -para ocho pérdidas en total de los locales-, tanto por parte de Franch como de Jordan. San Emeterio tampoco dio su nivel en ese arranque.
Pero tras la lesión de Hanley, llegándose 15-20 al final del primer período, el partido cambió. La seriedad en la zona de Colton Iverson, que se guardó mucho mejor que en otras ocasiones de cargarse de personales, y el apretón en la retaguardia de Doron Perkins. Cuando Heurtel volvió a su lado, los dos exteriores empezaron a limar la desventaja baskonista, apoyados por un Hamilton igual de desorientado en defensa que siempre, pero que ayer tenía el punto de mira bastante bien calibrado desde la línea del triple. Con todo, los de Jaume Ponsarnau replicaban pese a la ausencia de sus dos mejores jugadores. A Doblas todavía le quedaban energías para seguir aportando en la pintura, mientras que Taquan Dean asombró a propios y extraños con un par de canastas de verdadero mérito. Asimismo, los de Ibon Navarro firmaban un mal 6 de 11 en tiros libres, algo que llevaba el luminoso con una renta mínima para Gipuzkoa Basket en el descanso: 36-37.
Cansancio y desesperación
La charla de Ibon Navarro en el vestuario debió poner firmes a sus muchachos, porque estos saltaron a la cancha con ímpetu arrollador. Un parcial de 10-0 consumado entre Shengelia y un triple de Bertans, más la defensa de Iverson sobre Doblas, cerraba la puerta a Doblas.
Y se acabó lo que se daba. Taquan Dean tampoco tenía más canastas maravillosas en la chistera, a Doblas no le quedaba fuelle y sí cada vez mayor desesperación por ver cómo era castigado por su par en el poste bajo, sin poder apenas cobrarse faltas.
Los de Jaume Ponsarnau solo anotaron ocho puntos en este tercer cuarto, tanto por demérito suyo como mérito ajenos, mientras que Heurtel o Shengelia propiciaban el despegue definitivo de Laboral Kutxa Baskonia, camino a un castigo a todas luces excesivo.
Aplausos a Navarro
No hubo mayor historia. Hasta un San Emeterio en una versión simplemente irreconocible tuvo sus momentos de gloria en un último cuarto que fueron diez minutos de la basura. Por lo menos, Davis Bertans deleitó a la afición con un «tras más uno» o los seis puntos consecutivos de un Causeur que recuperó cierta alegría en la faceta ofensiva. Quizá una de las mejores noticias, aunque solo fuera mediante chispazos, de esta primera etapa de la «era Ibon Navarro».
Con todo, los gasteiztarras pudieron estar también agradecidos del escasísimo acierto en el lanzamiento exterior de los donostiarras, que amén de bajar sin remedio los brazos, firmaron un paupérrimo 3 de 18 en triples y un 11 de 17 en tiros libres. Con unos porcentuales más normalizados, por no hablar del concurso normal de los ausentes Hanley y Dani Díez, la historia de este desangelado derbi quizá hubiera sido la misma, pero sí por lo menos mucho más fiable. Hasta el propio Jaume Ponsarnau se lamentó de las pocas ocasiones perdidas por los suyos para reengancharse al partido en los instantes finales.
Por su parte, la hinchada de Laboral Kutxa Baskonia pudo disfrutar de unos minutos de alegría y sosiego, recuperando cánticos de felicidad de su repertorio. Sonó casi irónico el «¡Oh, mamá, enamorado estoy! ¡He visto al Baskonia!», toda vez que difícilmente le podría haber tocado un adversario más asequible en el calendario. En cualquier caso, a nadie le amarga un dulce, de forma que una victoria, que llega después de una semana de absoluto caos y desesperación en el seno baskonista, siempre es de valorar.
Con el partido en plena cuenta atrás, Indar Baskonia Hintxa Taldea se acordó de aquel cántico que estrenaba San Emeterio en la balconada de San Miguel para celebrar la Liga ACB de 2010: el celebérrimo «¡Navarro tira del carro!» Visto lo visto, admiraciones aparte, buena falta hará que el joven técnico gasteiztarra tire y no deje de tirar del carro. Y otro tanto Jaume Ponsarnau.
El tercer cuarto es la clave, la cara y la cruz en los análisis de los dos técnicos
El tercer cuarto, momento en el que el derbi se rompía en pedazos. Cara y cruz de la misma moneda, según se miró desde la perspectiva de Ibon Navarro o Jaume Ponsarnau, que por lo demás, con sus matices, ofrecieron análisis parecidos.
«Gipuzkoa Basket siempre estaba jugando bien los terceros cuartos, y ese período debía ser clave. El equipo dio un paso adelante sobre todo en defensa. Al margen de errores, despistes, y las virtudes del rival, hemos estado un poco menos mal. Sobre todo hemos hecho bien dos cosas: limitar el porcentaje de tiro de dos del adversario y evitarnos las pérdidas, reducir de 12 balones perdidos en la primera mitad, a cinco en la segunda», resumía el técnico primerizo.
Mientras, Jaume Ponsarnau replicaba que «el tercer cuarto ha sido la clave. Hemos tenido una propuesta de contactos del criterio arbitral, que nos ha desgastado muchísimo, y no encontrábamos la inspiración sino por parte de David, que al menos seguía sumando. El Baskonia encontraba confianza en el tiro exterior, ya que necesita del triple, mientras que nosotros hemos ido bajando la energía».
Se lamentaba el preparador donostiarra de que «incluso en el último cuarto hemos llegado a estar a 11 puntos, pero no hemos encontrado la inspiración para meter los tiros lejanos». Por contra, Ibon Navarro prefería centrarse en las cosas más urgentes a mejorar. «Nos hubiera gustado empezar mejor, con menos pérdidas y tonterías... menos despistes. Hay que darle ese margen a al equipo».
Sobre sí mismo, Navarro afirmó que «me he sentido muy cómodo, tal vez porque estaba centrado en cosas del partido y sin los nervios de antes de empezar». A. G.

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