Mikel INSAUSTI
Zinema kritikaria
CRíTICA: «Mommy»

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Cuando Xavier Dolan debutó con «J'ai tué ma mère» tenía solo 19 años, y su condición de niño prodigio no ha variado con su quinto largometraje que le ha valido el Premio del Jurado en Cannes. «Mommy» es una prolongación de aquella ópera prima autobiográfica, y en ese transcurso de tiempo ha pasado de ser el cineasta más emblemático del movimiento queer a ser absolutamente hipster. En un mundo de etiquetas, el protagonista de su película consagradora tenía que llevar una, la que responde a las iniciales TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad).

Entre las enfermedades modernas que nos ha tocado padecer, el TDAH es la de mayor presencia generacional, afectando a escolares y adolescentes, tal como lo reflejan los realitys televisivos sobre menores conflictivos. El comportamiento del joven protagonista no difiere del que se suele observar en esos programas de la pequeña pantalla, y es que los materiales sobre los que trabaja Dolan en «Mommy» son de lo más corriente y vulgar. Pero el genio québécois tiene ese don para convertir lo hortera en un lujo, gracias a su talento visual y al empleo creativo de la banda sonora. En eso se parece al Sorrentino de «La grande bellezza», y hasta puede que le haya traicionado el inconsciente cuando le hace canturrear al estelar Antoine-Olivier Pilon «Vivo per lei» de Andrea Bocelli en un karaoke. Antes de eso ya había entonado como una loca el «On ne change pas» de Céline Dion, elevándolo a la categoría poco menos que de himno nacional. Y para el momento liberador, en que este chico abre con sus propias manos el opresivo formato cuadrado, lo que suena en sus cascos mientras se desliza sobre el monopatín es el «Wonderwall» de Oasis.

No se puede ser más provocativo, pero sin dejar de poseer un sentido muy musical de la narrativa melodramática, reforzada por ese formato 1:1 que confiere a la imagen la estética contemporánea del Instagram o el portafotos, dentro de la cual no podía falta el selfie familiar. Los márgenes en nuestro modo de vida actual cada vez se estrechan más.