Mikel INSAUSTI
Zinema kritikaria
CRíTICA: «Camino de la cruz»

No hay santidad sin un largo y doloroso calvario

La religiosidad extrema está encontrando su caldo de cultivo en la crisis mundial, y los cineastas actuales se hacen eco de la preocupación que suscitan este tipo de manifestaciones involucionistas. El alemán Dietrich Brüggemann se suma con «Kreuzweg» a la lista de títulos recientes compuesta por «Lourdes» de Jessica Hausner, «Paraiso: Fe» de Ulrich Seidl, «Electrick Children» de Rebecca Thomas o «Camino» de Javier Fesser. La aceptación que ha conseguido ha sido incluso mayor que la de sus colegas, tras hacerse en la Berlinale con el Premio del Jurado y el de Mejor Guion; y en la Seminci con la Espiga de Plata, el FIPRESCI de la crítica internacional y el Premio de la Juventud.

Dietrich Brüggemann se sumerge a fondo con su cuarto largometraje en los misterios del cine religioso, guiado por un riguroso ascetismo estético digno de los maestros Dreyer o Bresson. Y es que en todo momento está hablando de tradición, ya que la protagonista es víctima del fanatismo de la orden católica Sociedad de San Pío X, la cual sigue una férrea ortodoxia preconciliar, defendiendo el antiguo Via Crucis de los 14 pasos. De ahí que la película esté divida en 14 planos secuencia, y no en 13.

La joven actriz Lea Van Acken representa con suma convicción el calvario de una adolescente que vive su particular condena, a partir del momento en que un persuasivo catequista la insta a seguir los pasos de Jesucristo camino del Gólgota. La sucesión de estampas que componen el martirologio cristiano son filmadas con cámara fija en posición estática, y tal grado de teatralización no se rompe hasta el momento culminante de la consagración, cuando la niña que quiere ser santa cae en trance.

Se trata de un sacrificio humano en toda regla, de una autoinmolación, de una renuncia expresa a la vida en plena juventud. Ella quiere salvar a su hermano autista, y no entiende otro proceso que el más tortuoso posible, convencida de que así se asegura el paraíso. En este tipo de decisiones lo de menos es la libertad, que le ha sido negada por la educación represiva de una madre castrante.