El Museo Naval acoge una muestra sobre la historia de la pesca del bacalao en Terranova
El Museo Naval de Donostia acoge una exposición sobre la pesca del bacalao desde el siglo XVI hasta la actualidad que reúne maquetas, documentos y grabados que testimonian la dureza de la vida de los pescadores que faenaban en Terranova y la labor «invisible» de las mujeres en tierra.

El objetivo de la muestra es rendir homenaje a las personas que trabajaron en el bacalao en Euskal Herria con especial énfasis en los orígenes de la actividad en el siglo XVI, a través de una recopilación de documentos impresos y manuscritos, carteles, cartografía de la época y más de 50 fotografías procedentes de diferentes archivos de Bizkaia, Gipuzkoa, Baiona, Portugal y de la empresa bacaladera Pysbe, que tenía sus instalaciones en Pasaia.
Según la diputada de Cultura guipuzcoana, Ikerne Badiola, la exposición supone una aproximación a la industria del bacalao desde el punto de vista económico, social y gastronómico. «Era un pescado barato, fácil de conservar en sal y la prohibición por parte de la Iglesia Católica de comer carne durante determinadas fechas impulsó su consumo», explica.
Los pescadores soportaban jornadas extenuantes en condiciones difíciles por el hielo y el frío, aunque la muestra quiere evidenciar también la labor de las mujeres que trabajaban en tierra, colaborando en la carga y descarga de las naos, así como en el secado y venta del bacalao.
De la dureza de la vida en el mar habla el arrantzale Juanito Makazaga, quien ha recordado que lo habitual en su época era pasar casi cinco meses en un barco y volver a las faenas tras 20 días en tierra. Makazaga desgrana, asimismo, algunos momentos de su año de trabajo en Pysbe, una compañía creada en 1926 en Donostia y que llegó a ser la más potente del sector bacaladero en el Estado hasta su desaparición en la década de los 70. En la actualidad, la industria bacaladera se limita a dos barcos en Pasaia y otros dos en Galicia.
A pesar de la escasez de material sobre la primera etapa de la industria bacaladera, la exposición ha reunido una acuarela actual de Juan Carlos Arbex, que recoge un inusual paisaje de la playa de La Concha repleto de cabañas en las que se apilaba y manipulaba el bacalao.
Una maqueta de una nao del siglo XVI, grabados de Donostia o del puerto de Pasaia, que era base de la flota bacaladera, y uno de los primeros documentos gráficos de Terranova elaborado por Pierre Detcheverry, ilustran también esa primera época. Diversas fotografías de Pysbe dan cuenta de la dureza de las condiciones de trabajo de un sector prácticamente desaparecido.
La presencia del bacalao en la cocina también se aborda en un apartado presidido por una apreciación de Manuel Velázquez Montalbán ante un pil-pil.

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