El hombre de hierro era hijo del hombre de mármol

P ara los muy ancianos el tiempo no pasa, se detiene, y así la historia sigue viva en su memoria. Andrzej Wajda es un venerable cineasta de 88 años de edad, al que las corrientes de pensamiento y avatares ideológicos no le intimidan ya, por lo que se siente cómodo llevando la contraria a quien haga falta. Justo cuando en Polonia la imagen de Walesa es más discutida que nunca, se sale por la tangente con un biopic descaramente laudatorio y hagiográfico para con la figura del que fuera líder del sindicato Solidarnosc. Una vez más no se le puede acusar de oficialista, porque «Walesa, la esperanza de un pueblo» conecta con su famoso díptico formado por «El hombre de mármol» (1977) y «El hombre de hierro» (1981), películas que le valieron sendos enfrentamientos con Gierek y Jaruzelski, respectivamente.
Estamos hablando de sendas obras realizadas hace más de tres décadas, pero no por ello se puede decir que esta tercera entrega se haya quedado anticuada. Wajda la dirige con un estilo militante, incluso cercano a lo que hoy en día se entiende por alternativo, mostrándose como una especie de viejo activista. Funde las imágenes de archivo de las huelgas y manifestaciones obreras con reacreaciones ficcionales a través de la fotografía en blanco y negro, acompañando las cargas policiales con música de grupos punk o antisociales polacos como Kryzys, KSU, Daab, Tilt, Brygada, Ayarl, Proletaryat o Dezerter. A la vez retrata a Walesa como un obrero padre de seis hijos, con una vida familiar accidentada entre detenciones y continuos sobresaltos.
Nada que oponer por tanto al estilo dinámico de la película, pero sí al contenido sacado de la entrevista que la periodista Oriana Fallaci le hizo en 1980, donde ese hombre tan terco llega a compararse a sí mismo con el macho cabrío que lidera el rebaño (sic). No obstante, no tiene problemas en arrollidarse ante el Papa Wojtila o en rendir pleitesía a los yanquis con su discurso ante el Cogreso de los Estados Unidos. De su etapa en el poder no se nos cuenta nada.
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