Mikel INSAUSTI
Zinema kritikaria
CRíTICA: «Whiplash»

El sacrificado virtuosismo de los instrumentistas de jazz

Con el virtuosismo instrumental del jazz me pasa lo mismo que con la carne de caza, porque disfruto con ella pero me crea un dilema moral con respecto a los cazadores. Es imposible no extasiarse con un solo de Charlie Parker, pero cuando piensas en los duros métodos de aprendizaje que se necesitan para dominar un instrumento musical de esa manera te entra la duda sobre si semejante regalo para los oídos justifica tantas horas de práctica y de sacrificio personal. Damien Chazelle ha sabido explotar al máximo ese dilema en «Whiplash», llegando a comparar las horas de conservatorio con la disciplina del campamento militar o del entrenamiento deportivo en los gimnasios.

Si he puesto como ejemplo universal al más mítico saxofonista que ha existido es porque la idea del duelo entre músicos al estilo de los pistoleros del western surge de la famosa anécdota que enfrentó a Charlie Parker con el batería Jo Jones, y que Clint Eastwood ya ilustró en «Bird». La imagen del novato (Parker) humillado por el veterano (Jones) se repite ad infinitum en «Whiplash», con el alumno de batería (Miles Teller) sometido al control del «tempo» impuesto por el profesor y director de orquesta (J.K. Simmons).

El hiriente silencio que acompaña la sola amenazante presencia del exigente docente da lugar a situaciones terroríficas, y a partir del miedo insuperable que llega a sentir el aspirante cada vez que coge las baquetas, Damien Chazelle desarrolla su invención del thriller musical, utilizando los cortes rítmicos para crear tensión. El montaje visual resulta en consecuencia poderoso, y el solo de batería final es filmado con un recorrido de cámara múltiple como jamás se ha conocido. Es entonces cuando cada detalle queda sobredimensionado, con las lágrimas y las gotas de sudor y de sangre que caen sobre los parches y los platos. Las composiciones y los complicados arreglos orquestales se prestan a ello, en especial el tema de Hank Levy que da título a la película, plagado de constantes y vertiginosas variaciones. Por primera vez he dejado de echar de menos al gran Bob Fosse.